Con poco público pero dispuesto a soportar la lluvia que persistió desde las 22 pasó una nueva luna coscoína. Peteco el destacado. La calidad de los artistas: sin discusión. Por Patricia Acosta
El día no avisó que por la noche llegaría la tormenta eléctrica y con mucha agua. El reloj marcó las 20:30 y el escenario Atahualpa Yupanqui se llenó de música y de voces con los artistas de la previa que dejaron parte de su energía a pesar de que, a esa hora, la plaza Próspero Molina no tenía público. Seis artistas cumplieron el sueño de pisar el gran escenario del folclore argentino: La mística, Alfonsina, paula Basalo, Pablo Lobos, Aylin Muller y Gerardo Bautista.
En el Valle de Punilla, al pie del cerro Pan de Azúcar, los relámpagos ya eran una amenaza de la tormenta que se aproximaba. Y llegó. Pareció una cita con la luna que se mantuvo oculta tras los cúmulos nimbos renegridos. Los veintitrés artistas, solistas y plurales, cantaron y danzaron ron bajo la lluvia, torrencial por momentos. El público no los abandonó. Aplaudió, cantó, saltó y bailó al compás de los acordes. La lluvia también. “Así es Cosquín”, dijo el cafetero que trabaja en la zona de las cabinas de transmisión.
Y arrancó nomás el Dúo Coplanacu ante la alegría de la gente que ocupó otra vez sus lugares. “Que se haga agüita el helau” gritaron los santiagueños y manifestaron su repudio por la explotación minera a cielo abierto. Rolando Goldman deleitó con su charango y la delegación de Salta mostró una pequeña parte de su población de artistas. El Duende Garnica, Quorum; el salteño ganador de Operación Triunfo 2° Generación, José García y Elpidio Herrera, entre los más aplaudidos, completaron la noche-madrugada.
El disco giratorio del gran escenario trajo al más esperado: Peteco. Apareció sorpresivamente sin sus músicos a saludar al escasísimo público que se quedó hasta el final. Luego, giró el disco por última vez, la gente fue reconocida por su paciencia y los acordes de un violín, una guitarra y una caja estremecieron al tiempo. Era Peteco Carabajal que, casi sin lluvia, tocó y cantó hasta el amanecer.