El romance continúa. Rojas, sin dudas fue el dueño de los suspiros de sus fans, enamorando con esas canciones de encuentros y desencuentros.
Seduce, provoca la sonrisa cómplice, despliega su enorme voz, es un artista en el escenario y baila. Eso sí, a la hora de “a ver, a ver; a mover la colita”, arruga y manda al frente a los hermanos. Jorge Rojas es así. Despliega uno de los mejores espectáculos que tienen los escenarios del folclore argentino y no es mezquino a la hora de la participación de los hermanos Rojas alentando, con su guitarra, las coreografías sincronizadas y la danza de sus bailarines.
“Hay gente en la Argentina que no la está pasando bien, veo el atropello, la indiferencia, la violencia, la desidia a la hora de cuidar el medio ambiente y me siento comprometido de decirlo en mis canciones; pero también están los otros, los que luchan por un país mejor, no sólo desde la palabra.
Los que son solidarios; los que, auténticamente, buscan una salida que beneficie a la mayoría y eso, también está dicho en mis canciones”, dijo Jorge anoche después de su ovacionada actuación sobre el escenario Atahualpa Yupanqui.
Se sumó, también, a los artistas que critican el proyecto minero en Famatina (La Rioja). Jorge Rojas se paró frente a las 15 mil personas que se reunieron en la plaza Próspero Molina para verlo y suspiró. “Es muy fuerte”, dijo ante la pregunta de la razón de su suspiro. Comenzó minutos antes de la 22:30.
El público ya lo aclamaba entre cánticos, banderas y carteles. Cantó baladas, combinó lo viejo con lo nuevo y bailó por más de una hora. No se privó de tomar alguna mano femenina que, serenamente, le estiraban la suya y se fue “con el corazón completo”. Brilló la luna de Cosquín Pero eso no fue todo.
En realidad, la noche comenzó temprano con los artistas de la previa. Con público en la plaza, mostraron lo suyo el Ballet Ashpamiski, La Payana, Los soñadores, Alejandro Carrara, Chircal, Germán Palacios y el Ballet Zanon.
La luna se dejó ver, por primera vez, desde que comenzó el festival. En cuarto creciente fue testigo, otra vez, de más votos del público por los cantores y bailarines que dejan parte de sus vidas sobre el escenario.
Después de Rojas llegaron los Guitarreros. El grupo se dio con el gusto de jugar con el público y los ritmos de otros estilos musicales para ponerle más calor a la fresca noche en el Valle de Punilla.
Los consagrados en este Cosquín cincuentón, son los que interpretaron el Himno del festival después del grito y los fuegos artificiales.
“Noche larga, la séptima del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Y si bien en su longitud navegó por lo previsible, al final no se privó de ofrecer algunas sorpresas y por supuesto muchos momentos de euforia y entusiasmo”, dice en su crítica el periodista de Vos, Santiago Giordano. Siguó Amboé, antes de que la delegación de Santa Fe ofreciera la primera sorpresa de la noche, con la presencia de Soledad.
Emotivo homenaje de los santafesinos por el año del bicentenario de la creación de la bandera. Enseguida, Juan Iñaki presentó Cosquín en la piel, el tema ganador en el Pre Cosquín en la categoría Canción inédita. “El tema de Pancho Cabral y Jorge Luna, resultó un candidato firme a quedarse con el premio Revelación. Angela Irene, sobria y elegante desplegó un repertorio que era para otra noche y al final recibió un poncho coscoíno por sus 35 años ininterrumpidos en el festival, antes que Cuti y Roberto trajeran otra sorpresa en la noche larga: los santiagueños invitaron a los que faltaban para formar Carabajales, entre ellos el gran Peteco.
La noche empezó a ser más fría y conforme avanzaba la madrugada de despoblaba la plaza que, aún despuntando el día, dejó oír los últimos aplausos.
Por Patrcia Acosta (enviada especial de LV12)