Con abundante policía y revisiones, la organización no se preocupa por el aniversario del atentado a las Torres Gemelas; solamente hubo un incidente dos días antes del certamen.
Para algún desprevenido, el camino a parque Flushing Meadows-Corona puede despertar la idea de que sucedió algo grave. La policía abruma con su presencia entre grupos de efectivos y decenas de vehículos, con balizas encendidas y en varios casos con armas largas. Y así cada día, a cada hora.
En realidad, lo que pasa no es otra cosa que el Abierto de Estados Unidos de tenis, que congrega a unas 700.000 personas en dos semanas cada temporada, en un predio de 16,8 hectáreas en Queens. Y como en este país, y sobre todo en esta ciudad, la cuestión de la seguridad es hipersensible, el riesgo debe ser reducido al mínimo posible sin que eso incomode demasiado al público y lo disuada de asistir al "evento deportivo más grande del mundo".
Claramente los aficionados no se sienten demasiado inseguros ni demasiado incómodos este año. Tres jornadas en el certamen ya batieron el récord diario de concurrencia, que el domingo último quedó en 65.797 personas. Y la competencia toda llevaba hasta ayer a la tarde 568.002 espectadores. Y hay que cuidar semejante masa, que cada día permanece varias horas más, en promedio, que la que presencia un partido de básquetbol, de béisbol o de fútbol americano.
La inquietud podría crecer considerando que el próximo domingo, el día de la final masculina, caerá 11 de septiembre y se cumplirán 15 años de los atentados terroristas que conmocionaron a la humanidad desde esta misma ciudad. Pero la organización no tiene preocupaciones especiales por eso. "Acá uno sabe que está en el lugar más seguro del planeta", afirmó a La Nacion Chris Widmaier, el director de manejo de comunicaciones de la Asocación de Tenis de Estados Unidos (USTA). Sí existen los preocupaciones normales, las de cada temporada, que son, de hecho, lo que más mueve a los responsables del certamen. "Éste es un evento de la ciudad de Nueva York y estamos en el mundo post 11 de Septiembre. Uno ve lo que pasa en el mundo, en Europa, en estadios, como el Stade de France. Pero tenemos hiperseguridad acá desde hace 15 años. La USTA tiene un director de seguridad que trabajó en la policía de Nueva York y ahora actúa muy cerca de ella, de las unidades antiterroristas, del FBI y de otras organizaciones", contó el directivo.
Paradójicamente, los procedimientos parecen menos exigentes en el acceso Este, donde ingresa la mayoría del público -allí está más cerca la estación de subte-, que en la entrada Sur, donde hay más policías robustos con cascos y armas largas. Allí, el baúl de cada auto que ingresa es revisado y a veces el fondo del chasis es observado mediante espejos. Si las filas de vehículos se vuelven largas, pues, paciencia. A venir con más antelación la próxima vez.
Otro punto de demora es el de la puerta de ingreso, donde los espectadores deben pasar por "arcos" de detección de metales, como los de los aeropuertos. Lo que no hay es escáneres: mochilas y bolsas son revisadas a ojo, aunque, por cierto, no del todo exhaustivamente. Eso sí: en general hay cordialidad en los examinadores -gente de cualquier edad y de aspecto muy común-, que suelen desear que se "tenga un buen día" y un "regreso seguro a casa".
"Debe haber un equilibrio entre la seguridad y cómo será el tráfico en el predio, cómo reaccionará la gente con la seguridad al lado... Pero acá uno sabe que está en el lugar más seguro del planeta, por los controles en el acceso, por el personal que está vigilando... Entonces, una vez que ingresó, mucha gente piensa 'bueno, ¡vamos a pasarla bien!'", analizó Widmaier. Y la gente -se nota- la pasa bien.
Salvo una rarísima excepción, como la que se dio dos días antes del inicio. Ese sábado, en el tradicional "Kids' Day" (de promoción del torneo entre los chicos), con ingreso libre al predio, hubo un intento de secuestro. Un hombre de alrededor de 30 años tomó de un brazo a una chica de 11 años y la amenazó para que se fuera con él; ella zafó de la sujeción, lo pateó y gritó, y un guardia se contactó con la policía, que pasó a investigar el hecho. "Fue un incidente terrible. Eso no puede pasar, no puede pasar", lamentó Widmaier, aunque parece prácticamente imposible prevenir esa clase de episodios.
Mucha policía y revisiones. Así se prepara el Abierto de Estados Unidos para desarrollarse en paz cada año. Sin previsiones especiales para un 11 de septiembre que hará ruido. Sólo por la coronación de un campeón, esperan.
Tanto en el ingreso Sur como en la sala de prensa hay carteles que advierten sobre actividades relacionadas con las apuestas en el tenis e invitan a denunciar todo acto sospechoso. Tras las revelaciones difundidas durante el Abierto de Australia, ése es un tema delicado. "El Abierto de Estados Unidos tiene una política de tolerancia cero. No hemos visto nada inusual. Esa actividad corrupta está tomando los niveles más bajos del deporte, pero estamos comprometidos a erradicarla", alertó Chris Widmaier, miembro de la organización.
Fuente:lanacion.com.ar
E.C

