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Mostraron los lentes que Ledo dejó en el campamento

La hermana del soldado desaparecido relató cómo era Alberto y contó cómo recibió la noticia.

Graciela Ledo relató que uno de los amigos que tenía su hermano en Monteros, el soldado Orlando Orihuela, le entregó a su madre los anteojos que usaba Alberto Ledo. “Salió (del campamento) cuando mi mami estaba preguntado por Alberto. Le contó que esa noche del 17 de junio los soldados habían estado en un fogón cuando terminaron sus actividades en el campamento. Y que quien estaba cantando era Alberto”, contó.

De acuerdo al relato de Orihuela, según consignó Graciela, después del fogón se fueron a acostar. “Cuando se acostaron, el capitán Sanguinetti le dijo ‘vamos Ledo’. Seguramente se vistió muy rápido y se olvidó sus lentes. Mi madre los ha conservado hasta ahora. De hecho, si él se pensaba escapar jamás se podía haber olvidado los lentes. Los necesitaba en forma permanente, estos eran los que él usaba”, dijo y sacó los lentes de una funda de cuero azul con el sello de la óptica San Nicolás, de La Rioja.

Por pedido de la querella de Derechos Humanos, la secretaría del tribunal acercó los anteojos a las distintas partes para que los examinaran. Incluso, algunos de los letrados se los pusieron por pocos segundos. La mujer agregó que hermano había sido operado de la vista, pero no supo precisar por qué patología.

Esperanza

En las palabras de Graciela Ledo sólo había amor para recordar a su hermano Alberto Ledo, desaparecido el 17 de junio de 1976. Lo describió como muy activo, inteligente y muy buen lector. Contó también que ambos tenían actividades religiosas y que él fue presidente del centro de estudiante de la Escuela Normal, desde donde se organizaban veladas culturales y peñas. “Él tocaba la guitarra y cantaba. Era querido, amado por sus compañeros y muy buen mozo. Un muchacho sumamente lindo. Era lindo por fuerza y por dentro, así lo recuerdan sus amigos, sus compañeros y nosotros su familia”, manifestó ante el tribunal, con la voz tembloroza de la emoción.

La mujer contó que junto a su hermano colaboraban con la pastoral del obispo Enrique Angelelli, y que muchos otros voluntarios fueron perseguidos y desaparecidos. Compartió también que su hermano admiraba mucho a Joan Manuel Serrat, y que en una ocasión él le hizo escuchar una canción llamada “Tío Alberto”. Con la voz entrecortada, recordó las palabras de su hermano. “Me dijo: ‘algún día si no estoy hacele escuchar a tus hijos, porque acá estoy yo’”, sollozó ante el tribunal.

Graciela Ledo coindició con la versión que había brindado en primera instancia su madre, Marcela Brizuela de Ledo. Admitió, a su vez, que lo que sabe de lo ocurrido en Monteros lo conoce a través de su madre ya que ella vivía en Buenos Aires, a donde se había mudado después de casarse. “A fines de julio de 1976 recibí a mi madre en Constitución con una cara de tristeza que nunca en la vida voy a olvidar. Esa tristeza me quedó también en mi alma para siempre, y ahora la sienten mis hijos también. Ella buscaba con esperanza que yo supiera algo de Alberto, o que yo lo hubiera visto”, manifestó.

Expresó también que si le tocaba estar en un juicio de lesa humanidad es porque su hermano fue una víctima. “Ese gobierno que se creyó dueño de la vida y de la muerte de los ciudadanos argentinos”, dijo.

También llevó las cartas que escribió su hermano desde Monteros y leyó algunos fragmentos en la sala. Del mismo sobre de papel madera sacó los lentes de su hermano y una carta que las hijas del imputado César Milani le entregaron a la familia Ledo para defender a su padre. Este último texto fue leído por secretaría, en el cierre de la audiencia. En tres páginas se hizo referencia a que todo se trata de una operación política, judicial y mediática en contra del ex jefe del Ejército kirchnerista.

Ante la consulta del defensor público de Milani Edgardo Bertini, Graciela reconoció que entre 2007 y 2013 la causa tuvo poco movimiento y que tomó impulso luego de que el imputado asumiera su cargo como jefe del Ejército.

FUENTE: La Gaceta

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