Brasil: la elección que despertó un fascismo que nunca estuvo dormido

A hora del cierre del balotaje crucial para el futuro democrático en Brasil queda la gran pregunta. Brasil adhirió al fascismo?

Algunos analistas insisten, incluso hasta ciertos votantes de Bolsonaro,en que él no representa al pensamiento del pueblo brasileño. En sí, es llamativo que tengan que salir para aclarar este punto: se convertió en el nuevo presidente brasileño.

En estas elecciones, entre tantos fenómenos, uno que se manifestó con toda furia fue el manejo impune de las fake news a través de las redes sociales. En las redes se ha viralizado un posteo entre los seguidores de Haddad, argumentando con algo de humor, que los electores bolsonaristas son los únicos en el mundo que salen a explicar que su candidato no hará todo aquello que propone.

Las manifestaciones racista, xenófobas, misóginas y sexistas del canditado, el discurso armamentista para revertir la violencia en Brasil, ni hablar de sus declaraciones pretéritas de apoyo a la tortura o aquellas, más recientes, en que incentiva a ametrallar o arrestar a sus oponentes o de que las minorías se adecúan a la mayoría o que deben irse del país junto con la oposición.

Para los suavizadores del discurso bolsonarista todo no pasa de ser una retórica dura y extremista de un político que encontró un canal de comunicación con su electorado. Precisamente ahí está el quid de la cuestión. Ya que el discurso de Bolsonaro dio paso a liberar el fascista que muchos llevaban adentro. Él dice estas cosas porque encuentra complicidad en los medios de comunicaciones monopólicos, en una justicia comprometida con la legitimación del golpe pero también, en cierta sensibilidad y sociabilidad del brasileño.

El proceso político nacional -de larga fecha- está hegemonizado por los sectores del conservadorismo brasileño representado por el fundamentalismo religioso, el agronegocio depretador, así como en toda suerte de mafias de las violencias urbanas y rurales y del capital financiero concentrado. Estos son los verdaderos cómplices, responsables y sostenedores del giro fascista que dá el país.Claro que la responsabilidad del elector mayoritario en Brasil pesó en la decisión final, no obstante, se anidó el germen del fascismo ocultado en un discurso de combate a la corrupción y limpieza de la vida política nacional en una sociedad, todavía, esclavista.

Los electores de Haddad, que sostuvieron en las urnas -también en las calles- mucho menos su plataforma política y más un repudio al fascimo y a la esperanza de poder sostener un proyecto popular y democrático para el país, fueron derrotados electoralmente. Queda la esperanza de poder convertirse en resistencia y alternativa para construir un nuevo proyecto nacional, democrático, soberano con mirada regional y combativa de la sociabilidad esclavista.

Las expectativas del gobierno de Bolsonaro, en términos de política exterior, son de un alineamiento con Estados Unidos, un desmonte del Mercosur. Tal como un bloque de integración profunda, probablemente refluya hacia un área de Libre Comercio con negociaciones bilaterales de país a país así como un cerco al gobierno de Venezuela con elevado nivel de intervención: En definitiv la consolidación del un eje neoliberal-conservador-fascista.

 

Luiz Naclerio Torres

Profesor de Relaciones Internacionales

 

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