El hombre que hizo tres en La Bombonera

En la mágica noche del 6 a 1 de San Martín a Boca, Vidal González, jugador del Santo, se dio el lujo de anotar un hattrick difícil de repetir.

“Nelson, me quiero volver a Misiones, no estoy jugando”, le había dicho unos días antes Vidal González al hombre que no necesita apellido en Ciudadela. Fueron noches largas y con el calor tucumano, como el que empezó a pegar ahora pero hace 30 años. Estaba a punto de armar el bolso Vidal González, de volver a Posadas donde ni hablemos del calor que le aplica, y regresar a Guaraní Antonio Franco con quien, atentos al dato, ya le había hecho cuatro goles a Boca el domingo 21 de abril del 85: “Sí, ese día le hice cuatro goles a Gatti”. En eso pensaba Vidal. En eso y en armar el bolso cuando se lesionó el Mono Campos y Chabay se arremangó el saco y le dijo: “Tanto que querías entrar, el domingo sos titular contra Boca”.

“Se reía don Nelson cuando me contaba que iba a ser titular. Los partidos anteriores yo había ido al banco y no había entrado. Y lo entendía: venían jugando bien los muchachos, estaba Jorge López, el Mono, la gente que había ascendido. Pero yo quería jugar. Y de ese día no me iba a olvidar más”, le cuenta Vidal González a eltucumano.com en el departamento que alquila en Buenos Aires, adonde se mudó en febrero porque tiene un hijo de 11 años que se llama Ezequiel y pinta para crack como el padre adivinen con la camiseta de quién: “Boca fue a hacer pruebas a Misiones, lo fichó, hizo la prueba en Casa Amarilla y quedó. Es muy chico para vivir en la pensión del club y nos vinimos. Es bien zurdo, juega de wing”.

Cuenta Vidal que cuando se mudaron a Buenos Aires, claro, lo primero que hicieron fue ir a la Bombonera. Ese día entraron y el padre le señaló el arco que da al Riachuelo, el arco históricamente destinado a las grandes conquistas visitantes, con sus héroes marcándole a Boca en ese arco y señalando los brazos a la segunda y tercera bandeja, donde el 20 de noviembre de 1988 el Chino Sarmiento cumplía años y lo celebraba con la hinchada de San Martín viendo en vivo, con sus propios ojos, lo que pocos podrán igualar: “Viajamos en avión y llegamos con la ilusión de vivir algo grande. Cuando volví a la Bombonera con mi hijo, nos sentamos, vimos aquel arco y le conté: ‘Mirá, hijo, ahí tu papá hizo tres goles’”.

 

 

Tengo un amigo que recuerda aquel día: “Tenía 7 años y salía a dar vueltas a la manzana. Mis hermanos estaban escuchándolo por radio en la vereda. Daba una vuelta en la bici y desde la esquina ya veía a mis hermanos levantándome los brazos, festejando. En un momento, daba una vuelta, gol de San Martín, otra vuelta, otro gol de San Martín, y así, seis veces así”. La síntesis de aquel día cuenta que Jorge López puso el 1 a 0 de penal, Unali metió el segundo y como adelanto de lo que vendría en el arco que Vidal le señala a su hijo, ya en el primer tiempo había tenido un mano a mano con Navarro Montoya que se fue apenas por arriba del travesaño.

Los hinchas que gritaron los goles por radio y los del otro lado que no podían creer lo que escuchaban, todos pusieron Fútbol de Primera en ATC, escucharon la música de apertura y el clásico tema de Vangelis para Blade Runner que ahora mostraba a ese misionero con la 9 armando un soberano quilombo en todas las líneas y sacudiendo tres veces el arco con la publicidad de Derby. Los comentarios de Macaya Márquez después del cuarto gol hacían justicia con lo que se vivía: “Qué bien están jugando los dos hombres de punta de San Martín”. Y el relato de Mauro Viale sobre el quinto gol, el que coronaba el triplete de la figura, tenía el tono del que no entiende muy bien qué está pasando: “¡Vidal le pega! ¿Y la clavó? ¡La clavó! ¡Qué golazo hizo! ¡La puso en el ángulo!”

Aquel domingo glorioso del 88 la cancha de Boca estaba llena. Este año, cuando Vidal llevó a su hijo Ezequiel estaba vacía. Pero el volumen era el mismo: en silencio. “Era tremendo lo que se estaba viviendo. Recuerdo que la hinchada de Boca empezó a cantar después del quinto gol. Estábamos haciendo historia”. Es tan importante el 6 a 1 de San Martín a Boca que en el cancionero popular la historia que cuenta la historia del Santo lo pone a la altura de los dos primeros ascensos a Primera: “Sí la escuché: ‘El mismo que goleó a Boca en la Bombonera, el que dio la vuelta en Chaco, y en Almirante Brown’. Esa, ¿no? Sí, es muy linda”, cuenta Vidal, y cuando tararea la canción empieza a meterse de lleno en lo que pasará mañana. Es la misma canción que esta noche empezará a sonar en Ciudadela, y después en los colectivos, y en los autos, en las rutas rumbo a Formosa para volver a hacer historia: “No es imposible. Es todo muy parejo en el fútbol. Boca tiene un equipazo, es favorito, pero San Martín armó un muy buen plantel. Se puede dar”.

Antonio Vidal González adelanta que verá el partido con su hijo y el corazón partido. A modo de cierre, recuerda lo que pasó después de lo vivido aquel día: “Cuando volvimos de Buenos Aires era una locura Tucumán: una multitud de hinchas nos esperaban en el aeropuerto. Fuimos en caravana hasta el centro y después al estadio. Al partido lo voy a ver con el corazón partido. Y si gana San Martín voy a estar contento". Lo dice el hombre que tiene la camiseta Topper del 6 a 1 en el cajón y la tapa de El Gráfico colgada en la pared, el mismo que se despide con un mensaje a los amigos: "Estoy en un grupo de WhatsApp del Santo con el Capo, el Bomba, Troiti y todos los que hicieron historia. Así sigo al tanto del club y sé que hay fe para ganarle a Boca. Todo puede pasar. Por eso te reitero: en una de esas... mañana quién te dice…”.

Fuente: El Tucumano

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