El pueblo poco sabrá de qué se trata

El Lado B de la Cumbre. La Ciudad está sitiada y este viernes no habrá trenes ni subtes. Hay vallados que impiden el ingreso a calles y avenidas. La gente puede irse antes de su trabajo y el centro queda en penumbras. Enviado especial, Fabián Paez.


Todos los colores, todos los humores, todas las coincidencias y todas las diferencias. Eso es Buenos Aires por dos días. La ciudad vallada por donde se la mire (las mismas vallas que no estuvieron en el clásico la semana pasada, hoy si están listas). No hay lugar ni para pensar en cualquier papelón como el que el fútbol nos dejó.

A esta hora y hasta el sábado, la zona norte de la ciudad está clausurada. Los que viven por allí buscan alejarse. CABA a esta hora ya está en modo fin de semana, a mucho menos de media máquina. Gendarmería se hizo cargo de las calles, de las esquinas, de cada rincón, tal como en las películas hollywoodense. 

Si se escuchan sirenas en las calles es porque van a pasar una docena de motos, de autos policiales y en el medio un vehículo de vidrios polarizados con algún líder dentro.

Otro mundo es el Centro de Internacional de Prensa. Periodistas argentinos se pierden entre colegas europeos, asiáticos, sudafricanos y de cualquier lugar del mundo que uno  pueda imaginarse. Parque Norte, en Buenos Aires ha sido preparado para la ocasión. Se han dispuesto mesas de trabajo para cuatro personas, con todas las conexiones tecnológicas posibles. Hay, además, dedicados exclusivamente para la TV, pero las trasmisiones en directos desde tablets o móviles de alta gama están al orden del día. 

Sin embargo, todo este submundo de cámaras, micrófonos, teclados videollamadas con toda la carga de expectativa sobre cada paso, de cada líder del G20, chocará con la imposibilidad de tener el mínimo acercamiento a las principales figuras de la reunión a los encargados de informar lo que sucede.

El celo de la inseguridad y los temores devora a los funcionarios argentinos que congelaron media ciudad y no dejan a nadie acercarse a los líderes, un celo tan exagerado que ni los propios periodistas podrán hacerlo.

Los líderes de todo el mundo están en Buenos Aires, poco sabremos de primera mano, con la prontitud del hecho, que es lo que harán.

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