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Moyano y el sindicalismo opositor lanzarán un paro nacional en abril

La iniciativa está en proceso de elaboración por parte del sector que encabeza el camionero y que incluye el gremio de mecánicos (Smata) y la Corriente Federal de Trabajadores. Sería sin participación de la CGT.

 

 La oposición sindical a Mauricio Macri prepara su proyecto más ambicioso: lanzar un paro nacional en abril a espaldas de la CGT después de la movilización del 4 a la Plaza de Mayo. La iniciativa está en proceso de elaboración por parte del sector que encabeza el camionero Hugo Moyano y que incluye el gremio de mecánicos (Smata) y la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) como principales promotores. Será el primer intento por convocar a una huelga general sin la eventual participación de la central mayoritaria y de los sindicatos de colectiveros y ferroviarios, claves históricamente para garantizar la contundencia de una medida de fuerza de ese volumen.

La protesta ya fue resuelta por el Frente Sindical por el Modelo Nacional, que nuclea a todas las organizaciones de la CGT opositoras al Gobierno y que también cuestionan la conducción de la central en manos de Héctor Daer y Carlos Acuña, y se ampliará a la denominada Multisectorial 21-F, que además de esas organizaciones incluye las dos versiones de la CTA y movimientos sociales. De hecho, en una resolución coordinada, las CTA de los Trabajadores y la Autónoma realizaron ayer un plenario conjunto en el que confirmaron su adhesión a la marcha del 4-A y aprobaron el llamado a un paro nacional en abril.

En rigor la participación o no de la CGT en una huelga es una incógnita: sus referentes no fueron invitados a las reuniones preparatorias y recién a partir del 4 de abril se prevé anunciarla formalmente. En cualquier caso se trata de un desafío para los organizadores intentar un paro sin la garantía de la estructura más tradicional del sindicalismo argentino. Pero, sobre todo, representa un riesgo potencial para la propia jefatura de la CGT la posibilidad de éxito de una protesta de orden nacional.

La idea de un paro circulaba entre los gremios opositores ya desde fines del año pasado, cuando la CGT la desechó luego de que el Gobierno anunciara la firma de un decreto para el pago de un bono de $5.000 para los trabajadores del sector privado. La concesión tuvo gusto a poco para la constelación de Moyano: además de Camioneros y otros gremios que lo imitaron con renuncias al Consejo Directivo de la central, reportan al grupo el Smata de Ricardo Pignanelli, golpeado por despidos y suspensiones en la industria automotriz; la CFT que nuclea a la Asociación Bancaria, de Sergio Palazzo, la Federación Gráfica, de Héctor Amichetti, y la Asociación de Pilotos, de Pablo Biró, y otros sindicatos de menor porte.

De hecho, la negociación por la movilización conjunta del 4-A entre la CGT y el Frente Sindical moyanista incluyó un sondeo para adosar una huelga. Parte de la discusión tuvo como protagonistas a los sindicatos de la industria, al tope entre los más golpeados por la crisis y con el mayor volumen de pérdida de puestos de trabajo en los últimos años.

Fue en esa instancia en la que la jefatura de la CGT comenzó a desinflar los ánimos belicosos: el miércoles pasado, el secretario de Política Industrial de la organización, Rodolfo Daer, encabezó una reunión que debía contener a los sindicatos del rubro pero que terminó con apenas un puñado de ellos entre los invitados. Fueron marginados los de la CFT, como el de Curtidores y la Federación Gráfica. De los “no alineados” sólo fue convocado el Smata, que acudió con un mandato explícito de Pignanelli de pedirle a la CGT un paro nacional. La negativa de los hermanos Daer aceleró los tiempos de la oposición para idear una huelga por su cuenta.

Aunque casi no hay antecedentes de una huelga en todo el país sin la CGT, los promotores se entusiasman con la medida convocada en 2012 por la fracción de la central que entonces lideraba Moyano, sin reconocimiento oficial, junto con la CTA de Pablo Micheli. Sin la adhesión de la UTA ni de La Fraternidad aquella protesta tuvo impacto en el transporte público por el acatamiento de los señaleros ferroviarios, que bastó para paralizar ese servicio. Además los organizadores imaginan que podrán echar mano al cargo de Pablo Moyano como vicepresidente de la Federación Internacional de gremios del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés) para darle cobertura legal a los gremios de la actividad frente a un eventual corrimiento de la CGT, como había anticipado este diario.

 

Fuente: Ámbito Financiero

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