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Obesidad e hipertensión: disminuyen la esperanza de vida

Un estudio demuestra que enfermedades "tradicionales" como la hipertensión, obesidad y la hipercolesterolemia, entre otras, atentan contra la esperanza de vida.

Mientras la obesidad y la hipertensión se han convertido en factores de alto riesgo de COVID-19, la revista del Colegio Americano de Cardiología acaba de publicar los datos referidos a su último relevamiento, un estudio encabezado por Gregory A. Roth para un equipo de la Universidad de Washington, Seattle, donde certifica que, por sí mismas, sin influenciar la experiencia COVID, son una amenaza esencial para la población. De hecho, destaca que la hipertensión fue origen de una de cada cinco muertes en el pasado año.

La pandemia ha generado un escenario complejo al ponerse delante de la escena de salud. Mientras advierte de algunas consecuencias en torno a los riesgos más fuertes que enfrenta la salud con el coronavirus y la preponderancia de ciertas patologías para contagiarse, detrás se siguen produciendo las enfermedades “tradicionales”, las que eran de atención antes de que este fenómeno se desatara.

Así lo consideran los autores de un amplio estudio epidemiológico que toma el pulso a la salud global, cuyos últimos resultados publica The Lancet. El “estudio de la carga mundial de morbimortalidad” analiza 286 causas de muerte, 369 enfermedades y lesiones, y 87 factores de riesgo en 204 países y territorios, bajo la coordinación de la Universidad de Washington (Estados Unidos).

El informe refleja, globalmente, que el aumento de factores de riesgo como la hipertensión, la hiperglucemia, un elevado índice de masa corporal (IMC) y la hipercolesterolemia, junto con el incremento de muertes por enfermedades cardiovasculares en algunos países, parece indicar que el mundo podría estar acercándose a un punto de inflexión en el aumento de la esperanza de vida.

Este artículo es un trabajo de gran envergadura, resultado de la colaboración que involucra a la revista del Colegio Americano de Cardiología, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, diseñado para proporcionar información crucial a nivel de población que pueda orientar acción para la prevención, tratamiento y control de ECV y factores de riesgo .

Retroceder en vejez

El mayor efecto acumulativo en la salud proviene del sorprendente aumento de los riesgos metabólicos, que han aumentado un 1,5% anual desde 2010. En conjunto, (IMC alto, hiperglucemia, hipertensión e hipercolesterolemia) representaron casi el 20% de la pérdida de salud en el mundo en 2019, un aumento del 50% desde 1990. También son responsables de un enorme número de muertes a nivel mundial: la hipertensión contribuyó a una de cada cinco muertes (casi 11 millones) en 2019, la hiperglucemia (6,5 millones de muertes), el IMC alto (5 millones) y la hipercolesterolemia (4,4 millones).

En Europa, las causas de la pérdida de la salud son enfermedades no transmisibles, responsables de más del 80% de todas las muertes prematuras y trastornos. Durante las últimas tres décadas, han contribuido a la pérdida de salud en Europa central y occidental la diabetes y la enfermedad de Alzheimer y otras demencias; mientras que en Europa del Este han sido la cardiopatía isquémica, la cirrosis y otras enfermedades hepáticas crónicas.

En cuanto a los principales factores de riesgo de mortalidad, en Europa occidental en 2019 fueron la hipertensión (provocó 787.000 muertes), el tabaco (697.000 muertes), una alimentación inadecuada (546.000 muertes), la hiperglucemia (540.000 muertes) y el índice de masa corporal (406.000 muertes).

De los principales riesgos de las enfermedades no contagiosas, solo el tabaquismo ha disminuido de manera considerable. En las iniciativas más importantes para la aplicación de políticas internacionales de control del tabaco, se ha observado una disminución en la exposición al tabaco en casi un 10% a nivel mundial desde 2010, aunque el tabaquismo (fumado, involuntario y masticado) sigue siendo la causa principal de muerte en muchos países de ingresos altos, como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Bélgica y Dinamarca en 2019, y causó casi nueve millones de muertes en el mundo.

Una tendencia similar se observa en el ámbito mundial: durante la última década, se han producido aumentos especialmente considerables (más del 0,5% por año, globalmente) de varios padecimientos surgidos de riesgos evitables (obesidad, hiperglucemia, consumo de alcohol y drogas) que están contribuyendo a la creciente concurrencia de las enfermedades no contagiosas. Algunos de esos factores (obesidad, diabetes) están asociados a un riesgo mayor de gravedad y muerte por COVID-19, además.

“No obstante, las enfermedades no solo interactúan con factores biológicos -recuerda Roth, uno de los autores del estudio-, sino también con factores sociales, lo que hace necesario adoptar medidas urgentes para abordar la sindemia de enfermedades crónicas, desigualdades sociales y COVID-19”.

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