René Houseman: el fútbol se detuvo a los 7 minutos para rendirle homenaje

En el partido Huracán-Banfield, los hinchas lo recordaron.

René Houseman todavía late por los rincones del Palacio Ducó. Se hace recuerdo y añoranza incluso ahora que ya hace una semana que se fue. Está en la gente que lo evoca en el buffet Masantonio de la platea Alcorta; en los hinchas que van a la popular Bonavena y leen el nombre del crack que usaba la camiseta siete allí escrito; en esos socios que en el sector Stábile de la Miravé se acuerdan de goles y de gambetas que tuvieron el privilegio de ver.

No es un día más. En este partido frente a Banfield otro homenaje sucede: a los 7 minutos, el partido se detiene. Estaba previsto de antemano. Y entonces, primero el silencio, luego los aplausos, siempre la emoción. No hay casualidad en el momento: a los 7 porque él era el 7. Porque usaba esa camiseta y porque representaba lo mejor de esa raza futbolera de locos exquisitos: el wing.

Antes, los jugadores también ofrecieron su tributo: salieron al campo de juego con una remera -también con el número siete- y una bandera con mensaje breve: "Hasta siempre René".

Diego y Jésica, sus hijos, estuvieron en el homenaje. Contaron lo mismo que en esa emotiva carta que publicaron en Facebook: “Hiciste feliz a mucha gente y eso no tiene precio. Tanto amor no tiene precio. Cuánto dolor se veía en la gente que te fue a despedir. Un dolor directamente proporcional al amor que te profesaron siempre”.

Se fue el siete bravo de Huracán, el mago de los años 70, el campeón del mundo con la Selección del Flaco Menotti -su impulsor-, el hincha de Excursionistas que se había asomado al fútbol grande en Defensores de Belgrano, campeón de la C en 1972. Ya no está el hombre, pero vivirá su legado de futbolista estupendo: también la añoranza de esas jugadas que nunca más sucedieron.

Si el Huracán del 73 fue el equipo de los sueños; René resultó el mejor de los intérpretes de esos sueños. Por eso, también ahora, el fútbol se detiene para ponerse de pie y decirle lo que se merece: gracias por todo.

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