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Argentina mereció jugar la Finalissima, cuando fue Argentina

La Selección encontró su mejor versión cuando recuperó su identidad futbolística. Tras una remontada memorable ante Inglaterra, ahora enfrentará a España en la final que el fútbol llevaba años esperando.

Hubo una sensación que sobrevoló desde el pitazo final: Argentina y España se merecían enfrentarse. Durante mucho tiempo se habló de una Finalissima entre los dos mejores seleccionados del momento. El destino quiso otra cosa. Esta vez no habrá un trofeo simbólico en juego, sino nada menos que una Copa del Mundo.

Argentina, sin embargo, tuvo que sufrir para llegar hasta esa cita. El primer tiempo dejó más dudas que certezas. Lionel Scaloni volvió a apostar por un esquema que terminó alejando a sus mejores futbolistas de las zonas donde más daño pueden hacer. Julián Álvarez demasiado abierto, Lionel Messi como falso nueve y Giuliano Simeone muy pegado a la banda derecha terminaron facilitándole el trabajo a Inglaterra, que creció en confianza y encontró el 1-0.

La Selección respetó demasiado a su rival. En lugar de imponer condiciones, esperó. Y cuando Argentina deja de ser protagonista, pierde parte de su esencia.

Pero los grandes entrenadores también se destacan por saber corregir. Scaloni leyó el partido y movió las piezas en el momento justo. Julián volvió a ser el nueve de referencia, Rodrigo De Paul le aportó dinámica y personalidad al mediocampo, Gonzalo Montiel le dio profundidad por la derecha y Messi regresó al sector donde históricamente marca diferencias. Además, Nicolás González fue determinante con su despliegue y agresividad para atacar.

Desde ese momento apareció la verdadera Argentina: la que juega, la que domina la pelota, la que empuja al rival contra su arco y la que genera situaciones de gol de manera constante. Enzo Fernández encontró el empate con un golazo y, poco después, un centro preciso de Messi encontró la cabeza de Lautaro Martínez para sellar una remontada memorable.

La sensación fue clara: una vez que recuperó su identidad, Argentina fue ampliamente superior. Incluso quedó la impresión de que, con algunos minutos más, el resultado podría haber sido todavía más amplio.

Las semifinales dejaron una enseñanza. Esta Selección alcanza su mejor versión cuando juega con convicción, cuando asume el protagonismo y cuando sus futbolistas ocupan los lugares donde realmente potencian sus virtudes.

Ahora llega el desafío más grande. Del otro lado estará España. El fútbol tendrá la final que tantos esperaban, la que durante años parecía destinada a una Finalissima. Solo que esta vez el premio será mucho más importante: la Copa del Mundo.

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