El coronavirus llegó al interior de las cárceles de Argentina, donde viven miles de reclusos en condiciones de hacinamiento alarmantes. Los episodios de violencia que se comenzaron a registrar en las prisiones podrían ser solo el inicio de nuevos potenciales estallidos sociales si no se encuentran mecanismos para evitar que sistemas ya colapsados se transformen en focos de contagio masivo.
Tres días después del motín ocurrido el pasado 24 de abril en la cárcel del barrio porteño de Devoto, la única unidad del Complejo Penitenciario Federal ubicado en la capital nacional, se confirmó que hay dos reclusos con coronavirus en este centro.
"Argentina arrastra hace cómo mínimo 20 años una sobrepoblación estructural de todo el sistema penitenciario, está estallado. La tasa de encarcelamiento viene creciendo hace por los menos 10 años, lo que provocó que el sistema colapse. Hoy, frente a una situación de crisis mundial, se ve con más claridad y empieza a tener consecuencias más obvias", explicó en LV12 el abogado Mariano Lanziano.
Las cárceles de todo el mundo se han convertido en potentes zonas de transmisión del coronavirus, lo que ha obligado a que algunos gobiernos tengan que liberar a cientos de miles de presos en una loca lucha por frenar la propagación del contagio tras las rejas.
"La situación es compleja. Es una situación de hace mucho tiempo, el sistema viene estallado hace mucho tiempo. Los poderes Ejecutivos y Judiciales no dan respuesta a la situación de sobrepoblamiento de las cárceles", aseguró Lanziano.
"El abuso de la prisión como única respuesta lleva el aumento a la tasa de encarcelamiento. Tenemos un sistema que siempre va de atrás, por eso hay una sobrepoblación enorme", enfatizó el especialista.
La pandemia del coronavirus también desencadenó rebeliones de prisioneros, puesto que los presos enojados han hecho que se preste atención a los problemas crónicos de los sistemas correccionales en muchos países, incluidos el hacinamiento, la suciedad y el acceso limitado a la atención médica.

