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CABA: se cuadruplicaron los contagios en barrios populares

En un mes, el nivel de positividad en barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires pegó un salto preocupante. Incertidumbre y angustia ante la segunda ola.

En el transcurso de este mes, el nivel de positividad en los barrios populares de la ciudad de Buenos Aires pegó un salto preocupante en comparación con los meses anteriores. Hace apenas dos días, la cantidad de infectados de abril casi cuadruplicaba la de marzo: 2144 contra 561.

Sin embargo, a diferencia del crecimiento exponencial de casos registrado el último año, el ritmo de contagios en los barrios populares es, hasta el momento, bastante similar al aumento sostenido que se registra en el resto de CABA. “Los casos subieron, pero un poco menos que en el resto de la Ciudad simplemente porque la seroprevalencia que tenemos en los barrios vulnerables es mucho mayor. Eso algo protector tiene”, explica Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria de la Ciudad.

El funcionario de la ciudad explica que, en noviembre último, en promedio, el 42% de los habitantes de los barrios populares había tenido la enfermedad, mientras que el promedio de toda la Ciudad era del 14 % e, incluso, en algunos sectores, como la zona norte, llegaba al 3%.

“Mucha incertidumbre y angustia”

Así y todo, la circulación comunitaria de nuevas cepas, al igual que riesgo de reinfecciones obligan a estar alerta. “En el Hospital de Niños estamos analizando parte de las muestras de los barrios populares para hacer el análisis de variantes nuevas que, por ahora, tienen una circulación homogénea en la Ciudad. Existe circulación comunitaria sobre todo de la cepa de Manaos, no tanto de la de Reino Unido. Pero ya hay muestras de ambas”, puntualiza Battistella.

El avance del virus en la ciudad y sus efectos a nivel socioeconómico pega fuerte en estos barrios. El riesgo de un agravamiento de las restricciones genera miedo entre sus habitantes. “Hay mucha incertidumbre y angustia, la gente no sabe qué va a pasar. En el barrio se nota que hay más contagios, si bien no es lo mismo que el año pasado, cuando se nos había contagiado todo el barrio. A la gente le gustaría llevar una vida normal pero se sabe que lo sanitario es crucial”, explica el sacerdote Juan Isasmendi, referente del Barrio Ricciardelli, ubicado en el Bajo Flores, y miembro de la Pastoral de Villas.

En tanto, en el Barrio Mugica, de Retiro, Carina Corvalán percibe mayor preocupación entre las madres que a diario retiran la comida del comedor que tiene la Fundación El Pobre de Asís, en el que ella es referente. Asegura que hay una palabra que suena fuerte y como nunca por estos días en los diálogos entre vecinos: “Cuidate”.

“Había mucho relajo hasta hace un mes. Pero ahora se percibe mayor temor. Se ven más chicos con barbijos en los barrios populares de la ciudad. Y después empieza a pasar que los contagios son cada vez más cerca de uno y entre personas más jóvenes, de alrededor de 40 años. Muchos están contando los días que les faltan para vacunarse”, agrega Corvalán.

Triple estrategia

Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires también redobla esfuerzos para evitar un nuevo crecimiento exponencial de casos como el del año último. El organismo anunció hace pocos días la implementación en los barrios de una estrategia con tres focos bien marcados: vacunación, detección de casos y búsqueda de contactos estrechos.

“En esta nueva ola continuamos con el plan que pusimos en marcha en el inicio de la pandemia, siguiendo de cerca la evolución de los casos y la curva de positividad en los barrios populares de la Ciudad, avanzando con la vacunación, y poniendo el foco nuevamente en la prevención y el cuidado de los vecinos”, afirmó María Migliore, ministra del área.

Como parte de ese plan ya están en funcionamiento dos postas de vacunación. Una está ubicada en el Barrio 21-24 y la otra en el club San Lorenzo, en cercanías del Barrio Ricciardelli. El anuncio contempla tres postas más que estarán ubicadas en el Barrio Mujica, el Barrio 15 y el Barrio 20. Asimismo, se restablecieron siete puntos DetectAR en diferentes barrios, donde se realizan hisopados a quienes presenten síntomas y, se retomó la búsqueda activa de contactos estrechos para acompañarlos y asistirlos en su aislamiento.

Así y todo, para el padre Isasmendi los esfuerzos estatales son insuficientes para contener las necesidades de una población que viene siendo fuertemente golpeada por la pandemia y el aislamiento de 2020.

“Lo comunitario es, otra vez, lo que está salvando el momento, con los comedores, el cuidado de los abuelos, y la entrega de mercaderías. Pero está todo muy desgastado. Lo ideal sería que todas estas instancias comunitarias tuvieran más diálogo con el Estado, que pone voluntad para acompañar en este momento difícil, pero no alcanza”, se lamenta el sacerdote, quien agrega ejemplos concretos.

“Mucha gente necesita tramitar su DNI. El Renaper llega al barrio con la mejor voluntad y otorga 30 turnos. Pero se necesitaban 120. Lo mismo con Migraciones. Los empleados de estos organismos vienen, trabajan de sol a sol, pero no alcanza. La vacunación también va lenta. Nosotros ayudamos con los trámites porque todo es virtual pero los pobres viven en la presencialidad. Tampoco se habla de la vacunación de la gente que cocina o atiende los comedores populares”, puntualiza Isasmendi.

En el Barrio Mugica, en tanto, Corvalán señala un relajamiento entre los jóvenes. “Lo que faltan son controles. Los fines de semana ves por todos lados que se organizan partidos de fútbol multitudinarios en donde no se ve mucho respeto al protocolo que digamos”, remarca.

La situación en el Conurbano

En el Conurbano, en tanto, el comportamiento del virus en los barrios populares es un enigma. Fuentes del Ministerio de Salud provincial aseguraron a LA NACION que no están midiendo esa cifra “porque los aumentos son generalizados”.

De cualquier manera, el notable aumento en el nivel de contagios en esa jurisdicción (por ejemplo, el 1° de marzo se informaron 2004 nuevos infectados mientras que anteayer se confirmaron 11.057) genera gran preocupación entre los habitantes de las zonas más vulnerables, principalmente trabajadores de la economía informal.

“Por un lado, hay preocupación por no saber hasta cuándo se va a poder circular para ir a trabajar. Pero también preocupa la falta de camas. Hace unos días una referente de uno de los barrios nos contaba que su tío no conseguía cama ni oxígeno, pese a tener obra social. El miedo latente ahí es: ‘Si él, qué tiene obra social no consigue, ¿qué me queda a mí, que soy informal y dependo del sistema público de salud?’”, explica Florencia Drucker, directora ejecutiva de Techo, organización que tiene presencia en 33 barrios populares del Conurbano.

“Hay miedo a contagiarse y no poder acceder al sistema de salud y, al mismo tiempo, temor a perder la fuente de empleo que permite satisfacer las necesidades de la familia –agrega Drucker–. Nadie se quiere enfermar. La preocupación es la misma que tenemos todos, sólo que la vulnerabilidad en los barrios populares es mayor”, concluye.

FUENTE: Lorena Oliva - LANACIÓN

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