Las autoridades de China implementaron una masiva estructura logística para controlar la temperatura de la mayoría de la población, siendo la fiebre uno de los síntomas más comunes de la enfermedad.
Tras haber confirmado aplanar la curva de contagios y decesos, y con las indicaciones para ir volviendo de a poco a la normalidad, la práctica parece seguir vigente, evitando de esta de esa manera, una nueva ola de contagios.
Este concepto se ve ilustrado en cambios a una de los posibles focos de contagio: las entregas de alimentos y otros productos, actividad en la que los repartidores están en constante contacto con los clientes. Ante este escenario, muchas aplicaciones implementaron una novedosa metodología para dar tranquilidad y seguridad al consumidor: mostrar la temperatura del repartidor.
La aplicación ofrece, como dato extra, información personal del repartidor y muestra en tiempo real su traslado y si le está subiendo la fiebre. Por su parte, al entregar el paquete, éste viene con una tarjeta de color verde, en la que figuran los nombres y las temperaturas de las personas que cocinaron y tocaron la comida en algún momento del proceso.
No son sólo los repartidores de delivery los que son chequeados de esta manera. En las entradas de los restaurantes, que de a poco empiezan a abrir tras la estricta cuarentena, se instalaron también termómetros en pantallas táctiles. El cliente debe medirse la temperatura antes de poder entrar. Y la pantalla se desinfecta constantemente.
Ya desde el comienzo los protocolos fueron drásticos. Los trabajadores debían llevar dos máscaras y controlarse la temperatura en los restaurantes donde buscan la comida y también en el lugar de destino.
Según este método, los productos son depositados en la entrada de la residencia y el repartidor se va antes de que el cliente haya retirado el encargo. De esta manera se evita cualquier contacto.
Algunas empresas que han cerrado temporalmente sus puntos de venta, en cambio, han recurrido a la venta de productos frescos y congelados directamente a las comunidades.
Desde de sufrir una fuerte propagación entre enero y febrero, China parece haber pasado lo peor. No obstante, las autoridades, mientras intentan que las ciudades recuperen de a poco la vida normal, siguen atentas al comportamiento del virus, por lo que continúan aplicando medidas para seguir conteniendo la propagación.

