El frío era intenso. Minutos antes de las ocho de la mañana, la Ciudad Sagrada de Quilmes permanecía envuelta en un silencio que solo rompía el viento de los Valles Calchaquíes. El cielo estaba completamente despejado, sin una sola nube, aunque el sol todavía no aparecía. Apenas un tenue resplandor comenzaba a pintar de dorado las cumbres de los cerros, anunciando la llegada del Inti.
A esa hora, los integrantes de la Comunidad India Quilmes ya recibían a los primeros visitantes que, año tras año, llegan para participar de la ceremonia más importante del calendario ancestral: la apertura de la boca de la Pachamama, un ritual de agradecimiento a la Madre Tierra que cada 1 de agosto renueva el vínculo entre el ser humano y la naturaleza.
Los preparativos comenzaron con una interpretación astronómica y la tradicional lectura de la piedra, a cargo de los mayores de la comunidad. A las 8 en punto llegó uno de los momentos más conmovedores de la jornada. Los maestros y guías espirituales pidieron a todos los presentes orientar la mirada hacia el lugar por donde comenzaría a salir el sol. En silencio, hombres, mujeres, jóvenes y niños elevaron sus manos esperando el primer rayo del Inti. Cuando finalmente la luz atravesó la montaña e iluminó los rostros de los presentes, el gesto fue unánime: recibir esa energía y, luego, devolverla a la Pachamama como símbolo de gratitud por la vida, el alimento, el agua, la salud y el trabajo.
Mas tarde, Edgar Robinson Wanka y el cacique Patricio González compartieron la interpretación de los signos que dejaba la naturaleza para el nuevo ciclo. El mensaje fue esperanzador. "Nuestros mayores nos dicen que los tiempos van a ser buenos, que habrá agua para nuestros productores y ganaderos", expresó el cacique, una noticia recibida con emoción por quienes viven de la tierra y del trabajo en los Valles.
Con ese acto quedó oficialmente abierta la ceremonia, que continuó durante toda la mañana entre sahumados, rezos y ofrendas. El humo de las hierbas aromáticas envolvió el sitio sagrado mientras cientos de personas aguardaban su turno para acercarse a la boca de la Madre Tierra y corpachar con hojas de coca, alimentos, bebidas y otros presentes cargados de simbolismo.
No faltaron las costumbres que acompañan esta celebración. Se compartió el tradicional té de ruda, la caña con ruda para pedir protección durante el nuevo ciclo, yerbeado, mate cocido con bollos y otros alimentos comunitarios que ayudaron a combatir el frío de las primeras horas, hasta que el sol transformó la mañana en una jornada cálida y agradable.
La música también tuvo su lugar. Copleros de la comunidad acompañaron la ceremonia con sus voces, aportando un clima de profunda emoción que se mezcló con el sonido del viento y el murmullo de quienes llegaban desde distintos puntos de Tucumán y del país para vivir esta experiencia espiritual.
La celebración reunió a las 14 delegaciones de base de la Comunidad India Quilmes y contó con la presencia de autoridades del Ente Autárquico Tucumán Turismo. Su presidente, Domingo Amaya, destacó la importancia de preservar las tradiciones de los pueblos originarios y valoró las inversiones que mejoran el acceso a la Ciudad Sagrada de Quilmes y a la Ruta Provincial 307, con el objetivo de fortalecer el turismo y el desarrollo de los Valles Calchaquíes. En la misma línea, la vicepresidenta del organismo, Inés Frías Silva, sostuvo que Tucumán demuestra el valor de cuidar sus raíces y remarcó la importancia de compartir estas ceremonias con respeto y autenticidad, especialmente en un contexto en el que la provincia continúa posicionándose como destino turístico de relevancia internacional.
Entre los asistentes hubo familias, turistas e instituciones educativas. Rocío y Pía, estudiantes del Instituto San Martín de San Miguel de Tucumán, coincidieron en que la experiencia les permitió acercarse a la historia y comprender de una manera diferente la relación entre la naturaleza y los pueblos originarios. Pedro, visitante llegado desde Mar del Plata, confesó sentirse conmovido por "la entrega y la humildad con la que esta cultura mantiene vivas tradiciones que atraviesan siglos".
Con el correr de las horas, el intenso frío del amanecer quedó atrás. El sol terminó de abrazar la Ciudad Sagrada de Quilmes y acompañó una jornada que concluyó con un almuerzo comunitario, espectáculos artísticos y actividades culturales en la Casa de la Comunidad.
Más allá de la ceremonia, el 1 de agosto volvió a demostrar que la Pachamama no es solamente una celebración ancestral. Es un encuentro con la memoria, con la identidad y con una forma de entender el mundo donde primero se agradece y después se pide. Allí, entre montañas milenarias y bajo la luz del primer Inti del nuevo ciclo, cientos de personas renovaron un compromiso silencioso: honrar la tierra que da la vida y mantener viva una tradición que sigue latiendo con la misma fuerza de sus antepasados.

