Las empresas de transporte interdepartamental aseguran que operan con apenas el 30% de su capacidad debido a la falta de combustible, situación que ha dejado a miles de pasajeros varados en terminales terrestres en pleno inicio de las vacaciones invernales, informó el diario boliviano El Deber.
La escasez también continúa reflejándose en las estaciones de servicio, donde las filas de vehículos se extienden por varios kilómetros y los conductores denuncian las largas horas de espera para abastecerse de diésel o gasolina.
Representantes del sector del transporte sostienen que el problema ya no puede atribuirse únicamente a los bloqueos impulsados en las últimas semanas, sino que evidencia dificultades estructurales del Estado para garantizar el suministro de combustibles importados.
"El diésel sigue siendo el producto más escaso y eso está paralizando el transporte pesado, las obras de infraestructura y buena parte de la producción", señalaron dirigentes del autotransporte citados por ese medio.
En la terminal terrestre de Cochabamba, una de las principales del país, operadores informaron que cerca del 70% de la flota de buses permanece inmovilizada porque los vehículos no han logrado abastecerse de combustible, reduciendo drásticamente la oferta de servicios hacia el interior de Bolivia.
La situación también persiste en ciudades intermedias y zonas fronterizas
El Gobierno del presidente, Rodrigo Paz, ha asegurado que trabaja para normalizar la distribución mediante el ingreso de nuevos cargamentos de combustibles importados.
Incluso el gobierno autorizó la importación y comercialización de gasolina y diésel por parte de empresas privadas, una medida con la que busca diversificar la oferta y reducir la presión sobre YPFB, aunque su aplicación dependerá de la reglamentación que aún debe emitir la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH).
Sin embargo, hasta el momento las restricciones continúan afectando el transporte de pasajeros y carga, además del abastecimiento de mercancías y el funcionamiento de distintos sectores de la economía.
Bolivia depende en gran medida de las importaciones de diésel y gasolina, cuyos costos son subvencionados por el Estado.
La falta de combustibles se ha convertido en uno de los principales desafíos para el Gobierno boliviano, que intenta contener el impacto sobre la inflación, la actividad productiva y el abastecimiento interno en medio de una economía sometida a una creciente presión fiscal y cambiaria.