A partir de la crisis mundial que generó la presencia pandémica del COVID-19, la humanidad toda se ha visto sometida a un cambio abrupto en sus códigos comunicacionales, en el ámbito de sus relaciones interpersonales. "Taparnos la boca y no poder abrazar, besar ni saludar al otro se ha transformado en disparadores cotidianos de angustias y/o ansiedades", explicó Hugo Lescano en LV12.
"Desde hace al menos tres meses, nos vemos obligados a prescindir de códigos y de comportamientos propios de nuestra especie, tales como estrechar la mano, darnos un abrazo, una palmada amigable o simplemente acotar la distancia proxémica enviando un mensaje sutil a nuestro interlocutor acerca del bienestar que nos causa su presencia", añadió el Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal.
El especialista aseguró que "tapar la mitad de nuestro rostro conlleva a no poder expresar con nuestra boca nuestros estados de ánimo, por ejemplo, a través de una sonrisa, o guardar distancia social más allá de la empatía latente a la hora de relacionarnos con otras personas son parte de los grandes desafíos que afrontamos en nuestra dimensión social".
"Desde la presencia del coronavirus y su expansión mundial, las personas hemos tenido que reformular nuestra manera de interactuar y comunicarnos. Basta salir al supermercado o a la farmacia para asombrarnos al notar que el contacto visual ha disminuido considerablemente".
"Ya casi no nos miramos al cruzarnos con otras personas; y, si lo hacemos, será solo por un segundo para volver a quitar a nuestros pares de nuestro campo visual. Entre las góndolas de los supermercados, se aprecia que los cuerpos se ladean sutilmente como si intentaran evitarse: un clásico comportamiento humano y de casi todos los mamíferos al percibir al otro como una amenaza. Evitar la mirada en nuestra especie se correlaciona con emociones de valencia negativa", agregó el especialista.

