"Hola chiques", saludó la mesera de un bar de la ciudad de Córdoba al llegar a la mesa de Severo Sosa y un matrimonio amigo, y desencadenó el enojo del primero. Sosa es testigo en primera persona de una exclusión aún más severa que la de género: es padre de un chico con autismo y además, su hermana es ciega.
"Ayer me siento en un bar en Nueva Córdoba con un amigo y la sra. Llega la encargada de atendernos, nos saluda con una sonrisa y se da el siguiente diálogo que me trajo un recuerdo de una charla con unos amigos:
-¡Hola chiques!-
-¿Chiques?- le dije yo, también con una sonrisa.-
-¡Así es! Somos un bar inclusivo. Orgullosamente lo decía.-
-Mira que bien, me viene bárbaro entonces, porque en un ratito viene mi hermana que es ciega. ¿Tienen la carta en braille?-
-Ay no, eso no tenemos. Me dijo la verdad un poco preocupada.-
-Y no, perdón. Me dijo visiblemente nerviosa.-
-No te hagas drama, suele pasar. Pero la verdad me imagino que lenguaje de señas para los clientes sordos no deben saber.-
-La verdad me estas matando. Me contestó sonriendo nerviosa.-
Ella ya no estaba cómoda, sonreía con vergüenza, un poco de culpa, y un poco de embole también. Y ahí le dije:
-No te hagas drama, suele pasar en todos los bares. Pero entonces lamento contarte que no son un bar inclusivo, son un bar progre de cotillón.-
-¿Por qué me decís eso!?
-Porque esos tres casos que te acabo de mencionar, son 3 grupos de gente absolutamente excluidos del sistema. En tu caso acá en el bar, casi que no podrían pedir lo que quieren porque no podrían hacerte un pedido. Algo tan básico como comunicarse y pedir que comer.
¿Querés ser inclusivo? Incluí a todos ellos, y todos los que el sistema directamente no da lugar. Es difícil, sí y mucho. Porque si yo digo que ayudo a los pobres porque le doy $50 por mes a un pobre, no estoy ayudando, estoy haciendo ayuda de cotillón, de maquillaje, esa que se ve lindo, pero que sabemos que no sirve para nada más que disfraz.
Después nos trajeron el pedido, incluida la cuenta, esa la tenían en el idioma que quieras".
Ante algunas críticas que recibió, resaltó que no está en contra del lenguaje inclusivo en sí mismo, sino que le molestan "los paladines de la inclusión. Nadie se anima a decirlo, pero hablar con lenguaje inclusivo no te hace inclusivo. Es cool, es maquillaje", indicó.
Para finalizar, aclaró: "Hay que generar una tolerancia social y un punto de encuentro para poder avanzar. El estado debe tomarse con seriedad el tema de la inclusión".

