La producción de mates de calabaza incorporó una innovadora técnica que combina diseño industrial, agricultura y reciclaje. Oke Gómez Llambí explicó cómo nació este proyecto que busca recuperar las características tradicionales de este objeto y explorar nuevas formas de producción a partir del crecimiento natural de la planta.
En diálogo con LV12, el diseñador contó que la iniciativa surgió hace aproximadamente diez años en un estudio que comparte con un socio, llamado Grupo Bondi, dedicado al desarrollo de propuestas vinculadas con las interacciones humanas.
"Esto de los mates surge en un estudio de diseño industrial que tengo con un socio que se llama Grupo Bondi", recordó.
Sobre los trabajos que realizan, explicó: "Que nos dedicamos a muchas a hacer interacciones humanas, hacemos unos bancos de cementos que son bastante conocidos, odiados y amados, que parecen bancos, pero son duros, que son como de capitoné de cemento. Hay muchos en Buenos Aires".
La búsqueda de nuevas formas para el mate de calabaza
Gómez Llambí señaló que uno de los principales objetivos fue recuperar y actualizar la utilización de la calabaza como material para fabricar mates.
"Hace como diez años se nos ocurrió revitalizar el mate de calabaza como materialidad", manifestó.
En ese sentido, destacó las cualidades de este material frente a otras alternativas que existen en el mercado y sostuvo que su utilización ofrece una experiencia particular para quienes toman mate.
"El mate de calabaza tiene propiedades que los que tomamos mates sabemos que son insuperables. Entiendo que hay mates de otras materialidades, pero los de inoxidable no se rompen porque son de plástico y son baratos, o los de siliconas y son flexibles", expresó.
Además, remarcó: "El mate de calabaza tiene una propiedad diferente y cada vez es más rico el mate y tiene más personalidad y sabe mejor".
Una investigación junto a la Facultad de Agronomía
La propuesta avanzó hacia una etapa experimental en la que comenzaron a trabajar con diferentes variedades de calabazas para intervenir sus formas durante el crecimiento.
"Revestimos la materialidad del mate en un sentido más contemporáneo. Entonces, por ahí empezamos a diseñar, conseguimos calabazas enteras de diferentes variedades y empezamos a ver cómo cortamos, qué hacerles raro, cómo darle una innovación. Y ahí enseguida nos dimos cuenta: abrimos la calabaza, estaban las semillas. ¿Por qué no plantamos la semilla y la apretujamos para que tenga base? Y ahí hicimos un proyecto de innovación con la Facultad de Agronomía de la ciudad de Buenos Aires", relató.
El diseñador indicó que la investigación se extendió durante tres o cuatro años, con una huerta experimental en la que analizaron las posibilidades de modificar el crecimiento de los frutos.
"Estuvimos tres, cuatro años con su huerta experimental investigando, viendo hasta dónde se podía apretar y ahí surgieron una serie de intervenciones con la calabaza mate", explicó.
Del papa Francisco a las botellas plásticas
Entre los primeros resultados de esta experiencia surgieron mates con formas particulares. Una de las primeras producciones estuvo inspirada en el papa Francisco y llegó a formar parte de una exposición.
"Las primeras formas que salieron de la planta fue el papa Francisco. Hicimos una muestra en museo, hicimos 12 mates con la cara del papa", contó.
A partir de allí, comenzaron a probar diferentes técnicas y estructuras para moldear las calabazas durante su desarrollo. La intención era que la propia planta generara el producto con sus formas naturales.
En ese camino, encontraron una alternativa que les permitió avanzar con el proyecto sin necesidad de fabricar moldes específicos: reutilizar botellas plásticas descartadas.
"Pensamos por qué, en vez de fabricar un molde con la cabeza de Francisco cuadrado, no usamos algo que ya exista. Y ahí rápidamente fue que agarramos las botellas plásticas que sobran", explicó.
Sobre el procedimiento, detalló: "Así que usamos las botellas como molde. Entonces, la planta crece adentro de la botella. La botella lo moldea y queda la calabaza".
Un proceso de producción de un año y triple impacto
Para llevar la iniciativa a una escala mayor, el equipo se asoció con La Pebeta, cerca de Campana, donde avanzaron con el desarrollo productivo. También incorporaron a trabajadores cartoneros, que participan en la selección y separación de las botellas plásticas según sus características.
De acuerdo con lo explicado por Gómez Llambí, los materiales recuperados se utilizan en el proceso y luego vuelven a los cartoneros, en un esquema que definió como de triple impacto.
El ciclo de producción demanda aproximadamente un año, desde el inicio del cultivo hasta la obtención del mate.
Finalmente, el diseñador compartió una experiencia personal que refleja las posibilidades de reproducción de esta propuesta: "Cada mate tiene 100 de semillas. Yo planté en mi patio cientos de semillas, ahí salieron un par de mates".
Así, un proyecto nacido en el ámbito del diseño industrial logró unir la producción artesanal de mates, la experimentación con la naturaleza y la reutilización de residuos plásticos, mediante una técnica que busca transformar la manera de producir uno de los objetos más representativos de la cultura argentina.

