Este jueves habrá ocho estrenos a nivel nacional

La promocionada Gilda, no me arrepiento de este amor, y también de Blair Witch: la bruja de Blair, secuela de una película mínima que se convirtió en gigante hace 17 años.

Y claro, podemos sumar El infiltrado, para medir el impacto de Bryan Cranston, su protagonista, en nuestro país, luego de su salto a la fama como el químico fabricante de metanfetaminas en Breaking Bad. En otra historia de narcos, es un agente tras Pablo Escobar.

Es una incógnita qué puede deparar en materia de taquilla la película de Lorena Muñoz sobre la cantante de cumbia que se convirtió en mito, interpretada por Natalia Oreiro, justo a 20 años de su trágica muerte. Sí es un hecho que será su filme más convocante, después de dos gratas experiencias en el documental con Yo no sé que me han hecho tus ojos (en coautoría con Sergio Wolf) y Los próximos pasados, sobre el hoy famoso mural que Siqueiros pintó en los años ‘30 en la Argentina. Gilda... ya es su salto a la popularidad.

Populares también suelen ser los filmes de terror, aunque vienen en decadencia. Y Blair Witch: la bruja de Blair intenta reflotar esa fidelidad con la secuela de una película rupturista. Proyecto Blair Witch se estrenó hace 17 años, y se convirtió rápidamente en un referente absoluto, con eternas discusiones de por medio. Con un presupuesto de 60 mil dólares, recaudó 70 millones, y decenas de cineastas nóveles y no tanto salieron a copiar el formato del filme. Pero su protagonista, por ejemplo, ganó el premio Razzie a la peor actuación por su papel en la película. ¿Qué primará en esta secuela?

La oferta se completa con una comedia francesa, Le nouveau, de Rudi Rosenberg; el ciclo porno dedicado a la directora sueca Erika Lust en el Bama, que sigue con sus XConfessions; y tres documentales argentinos que podrán verse en el Gaumont. Son La fidelidad, de Eduardo Yedlin y Walter Tejblum; Fascinación, de Alex Jablonskis; y Hotel de la amistad, en la que Pablo Doudchitzky cuenta una historia bien personal: es una crónica de la estadía de su familia en la República Popular China entre 1963 y 1968, en tiempos de la Revolución Cultural, cuando su padre daba clases en Pekín.

Ritmo de cumbia, brujas y narcos, para esperar la primavera.

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