La frustración laboral gana terreno en Argentina, donde 6 de cada 10 personas no trabajan de lo que estudiaron, un fenómeno que refleja cambios económicos, tecnológicos y también sociales. Así lo analizó la consultora de empresas Micaela Akawie en declaraciones a LV12, al explicar cómo las prioridades laborales fueron modificándose en los últimos años.
Akawie sostuvo que la búsqueda de estabilidad económica se transformó en un factor determinante al momento de elegir o sostener un empleo: “Lo que viene pasando en Argentina es que hay una prioridad por tener cierta estabilidad en lo que es el trabajo, por cuestiones más allá del deseo profesional; eso invita a que las personas orienten su trayectoria profesional a lo que satisface lo que necesitan para vivir”.
La especialista remarcó que desempeñarse en un área distinta a la estudiada no debe interpretarse necesariamente como un fracaso profesional, sino como parte de un escenario laboral que evoluciona de manera constante: “Hay que llevar el mensaje de que alguien no trabaje exactamente de lo que estudió no significa que sea un fracaso en lo que se propuso; lo que pasa hoy también es que hay un avance más rápido de la tecnología, que proponen nuevas formas de llevar adelante las tareas y entonces lo que nosotros estudiamos hoy no se implementa de la misma manera o existen otras cuestiones que hace que se potencie más; hay una suerte de híbrido entre distintas profesiones”.
En ese sentido, Akawie señaló que la tecnología y la transformación de los oficios y profesiones generan nuevos perfiles laborales: “Tenemos a lo largo de nuestra vida mandatos sociales o familiares, y de repente hay familias con tres generaciones de médicos y aparece un hijo que quiere ser músico y rompe con ese mandato; ya de por sí, lo que genera es la valentía que cada uno quiere hacer y la perseverancia y constancia de desarrollarse en lo que uno quiere; además las redes sociales también potencian esto de cuánto nos estamos perdiendo por conocer, todo va depender de cada uno”.
El diagnóstico expone un escenario donde la estabilidad económica, la transformación tecnológica y las expectativas personales conviven en tensión, redefiniendo el vínculo entre estudio, vocación y empleo en el país.

