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Europa pierde habitantes: Se avecina un colapso demográfico

La Comisión Europea advierte que la caída de la natalidad y el envejecimiento reducirán la población a 445 millones para 2050.

La población europea ha llegado a su máximo con 460 millones de personas y a partir de ahora se espera que disminuya hasta final de siglo para volver a los niveles que se conocieron en la década de los 70 de la pasada centuria, cuando éramos 398 millones de habitantes. La diferencia es que para entonces uno de cada tres europeos va a tener más de 65 años.

El Tercer Informe sobre el cambio demográfico, publicado por la Comisión Europea y elaborado por el Centro Conjunto de Investigación, analiza las consecuencias que puede tener la evolución demográfica en la economía, la competitividad, la innovación, la cohesión social y hasta el desarrollo sostenible. La Comisión Europea alienta con este informe a que los países miembros se preparen para esta transformación en términos de economía, sanidad y vivienda.

El panorama deja claro que avanzamos hacia una sociedad más envejecida y de baja natalidad lo que tendrá como consecuencia la disminución de la fuerza laboral, lo que planeará problemas graves no solo para el mercado laboral, sino para los sistemas sanitarios, la asistencia social y las finanzas públicas.

La Comisaria Europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica, que ha presentado el informe sin aceptar muchas preguntas sobre lo que está sucediendo en países como España, propone de forma genérica centrarse en una «migración bien gestionada», que «puede ser una parte importante de la solución, al llevar a los trabajadores allí donde más se necesitan».

Este informe prevé que de los 450,6 millones de personas que hay en la actualidad pasaremos a los 445 millones en 2050 y a los 398,8 millones en 2100. Aunque en las últimas décadas ha sido constante el aumento de la población en Europa, ese incremento se ha venido ralentizando de forma cada vez más sensible. Por ejemplo, si en los años 60 del siglo pasado la población aumentaba a un ritmos de tres millones de personas al año, medio siglo después, en los 2020, solo se incrementó en seiscientos mil habitantes al año.

Según el informe, «a medida que disminuyen las tasas de fertilidad, la migración se ha convertido en un importante motor del cambio demográfico, contrarrestando los efectos negativos del envejecimiento de la población y la contracción de la fuerza laboral», aunque tampoco representa una solución permanente puesto que también se considera que frecuentemente los niveles de fertilidad de los inmigrantes con el tiempo tienden a converger con los que se registran en el país de acogida.

Paralelamente, los expertos calculan que la esperanza de vida al nacer es ahora de 81,5 años debido sobre todo a los avances en la atención sanitaria, el nivel de vida y las condiciones sociales. En el estudio se estima también que podría superar los 90 años para las mujeres y los 86 para los hombres en 2100. A cambio, a partir de 2050, casi uno de cada tres residentes (un 30%) en la UE tendrá 65 años o más, frente a uno de cada cinco (un 20 %) en la actualidad. Se prevé que el número de personas mayores que necesiten apoyo aumente de 36 a 48 millones para 2070 y que la proporción de personas mayores de 80 años se duplique.

La Comisión reconoce que esta tendencia representa importantes desafíos para la economía europea, desde la escasez de mano de obra y el aumento de la presión sobre los presupuestos públicos con la sobrecarga de los sistemas de salud, educación y formación además del aumento de los desequilibrios regionales, entre el medio rural y las ciudades. Por ahora, Bruselas solo puede felicitarse por el crecimiento de la llamada 'economía de la longevidad' o 'economía plateada', que está abriendo nuevos mercados para productos, servicios e innovaciones diseñados específicamente para las personas mayores.

«Vivimos más tiempo y con mejor salud que nunca, uno de nuestros mayores logros. Pero el cambio demográfico está transformando nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros mercados laborales», declaró la comisaria Suica, para quien «debemos actuar ahora para convertir esta transformación en una oportunidad».

La UE insiste en que en todos los países se debe impulsar la productividad y reducir el desempleo para contrarrestar los efectos de la disminución de la fuerza laboral. Para ello sugiere que se establezcan políticas de formación y de adaptación que permitan incorporarse al mercado laboral a los jóvenes sin cualificaciones y otras que hagan que los adultos puedan retrasar su edad de jubilación en condiciones más ventajosas. También se ha previsto que en los próximos presupuestos se van a prever fondos para promover el acceso a la vivienda de los jóvenes, con la idea de que adelanten la formación de una familia.

Italia puede ser el ejemplo de país en el que esa evolución demográfica es más vertiginosa. En la actualidad Italia ya tiene la edad media más alta de cualquier país de la Unión Europea, con 47 años y en 2050 será ya de 49,1 años, muy por encima de la media prevista para toda la UE que se calcula que será de 44,9 años y aún más de Irlanda que, con 39,6 años, seguirá siendo el país más joven. Italia sigue estando también entre los miembros de la UE con la más baja natalidad, con una tasa de fecundidad de poco más de 1,1 hijos por mujer, por detrás de Letonia, Estonia, España, Polonia, Lituania y Malta. Y al mismo tiempo, los italianos están también entre los más longevos del continente con la tercera esperanza de vida más alta de la UE, solo superada por España y Suecia, con alrededor de 85 años para las mujeres y 81 para los hombres.

El aumento del envejecimiento se debe también a la importante caída de las tasas de natalidad, lo que significa que la población en edad de trabajar está disminuyendo. La Comisión habla de paliar este problema con «inmigración cualificada» que « ya está desempeñando un papel importante para ayudar a paliar la escasez de mano de obra». Al mismo tiempo, alrededor del 20 % de las personas en edad de trabajar se encuentran fuera del mercado laboral, (un 30% en el caso de las mujeres), mientras que 8 millones de jóvenes nacidos en Europa no estudian, ni trabajan ni reciben formación.

Por ello, aunque el informe también muestra que la migración cualificada, atraer talento de fuera de la UE, «puede impulsar sectores clave, fortalecer la innovación y ayudar a mitigar los efectos del envejecimiento de la población». Sin embargo, precisa que «si bien esta fórmula puede aliviar las presiones demográficas, la prioridad debe seguir siendo la formación continua y la reconversión profesional de las personas que ya residen en la UE».

FUENTE: ABC

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