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Luto en el folclore: El adiós a Melania Pérez, una leyenda del género

Tenía 76 años y fue una de las cantantes más singulares del folclore. Dueña de una voz profunda y refinada, construyó una trayectoria lejos de la estridencia.

Tenía 76 años y fue una de las intérpretes más singulares del folclore. Dueña de una voz profunda y refinada, construyó una trayectoria lejos de la estridencia, marcada por la coherencia artística, el respeto por la raíz y una mirada comprometida sobre la realidad social y los derechos.

El folklore argentino está de duelo con la muerte de Melania Pérez, cantora salteña de referencia ineludible para la música vocal del país. Su partida deja un vacío en un territorio donde la voz no es solo instrumento, sino también memoria, paisaje y pensamiento.

Su carrera, sostenida durante más de cinco décadas, se caracterizó por una búsqueda constante de profundidad expresiva y fidelidad a la identidad cultural del norte argentino.

Nacida en la ciudad de Salta el 19 de octubre de 1949, Melania comenzó a cantar desde muy joven. Sus primeros pasos se dieron en el ámbito escolar, en el colegio María Auxiliadora, donde integró un grupo vocal femenino que abordaba el repertorio folklórico desde una sensibilidad colectiva. Aquellas experiencias iniciales coincidieron con un momento de fuerte expansión del folklore en todo el país, en especial durante la década del sesenta.

Con apenas 17 años decidió trasladarse a Buenos Aires para sumarse al conjunto Las Voces Blancas, una formación mixta que reunía jóvenes intérpretes del interior y que le permitió acceder a escenarios centrales de la música popular.

Con el grupo participó del Festival Nacional de Folklore de Cosquín y comenzó a delinear un estilo propio, donde la fuerza natural de su voz se combinaba con una creciente conciencia técnica y expresiva.

De regreso en Salta, su camino se entrelazó con el de figuras fundamentales de la cultura local. Durante los años setenta formó parte de distintos proyectos vocales vinculados al universo creativo de Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Su paso por el conjunto Vale 4, aunque breve en términos de presentaciones, fue una experiencia formativa decisiva. Los ensayos compartidos con músicos, poetas y compositores marcaron su comprensión del folklore como una expresión viva, atravesada por historias, afectos y reflexión social.

En la década del ochenta consolidó su presencia en los escenarios con el Dúo Herencia, junto a José Hicho Vaca, su compañero afectivo y artístico. Con esa propuesta recorrió festivales y salas de todo el país, y obtuvo el Premio Consagración del Festival de Cosquín en 1981.

Luego de la muerte de Vaca, Melania, recién a fines de los años noventa retomó su carrera, impulsada por amistades y colegas que la alentaron a grabar como solista.

En 1999 editó Luz del Aire, al que siguieron Igual que el agua… cantando, con producción de León Gieco y la participación de reconocidos músicos del folklore argentino, y La Flor del Comprendimiento, un disco que condensó su estética: un canto que une lo simple y lo complejo, lo dolido y lo gozoso, sin artificios ni concesiones.

Melania Pérez fue reconocida por una voz imposible de encasillar. Su canto supo conjugar la aspereza del paisaje andino con una elaboración vocal cuidada, fruto del estudio y la escucha atenta. Lejos de las modas, priorizó siempre el respeto por las melodías originales y la palabra poética, construyendo interpretaciones donde la emoción surgía de la honestidad expresiva.

Paralelamente a su labor artística, Melania sostuvo una posición clara frente a las transformaciones sociales de su tiempo. Acompañó el avance de las mujeres en los escenarios, apoyó las luchas feministas y se pronunció a favor de la igualdad de derechos y de la ampliación de libertades. Sin embargo, también advirtió sobre las deudas persistentes de la sociedad argentina: “Me gusta la igualdad de derechos, pero hay mucha pobreza e injusticia todavía”, expresó en entrevistas públicas.

De perfil bajo y compromiso constante, fue una figura respetada por colegas y nuevas generaciones de artistas, a quienes acompañó desde un lugar generoso y formativo.

Su legado excede la discografía y los reconocimientos: permanece en una manera de cantar que entiende al folklore como identidad, conciencia y encuentro.

La voz de Melania seguirá habitando el cancionero argentino como un testimonio de autenticidad y profundidad. Su canto, íntimo y entrañable, queda para siempre ligado a la memoria cultural de Salta, Latinoamérica y al corazón de la música popular.

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