En Argentina, un equipo de la Universidad Austral y el Conicet demostró, por primera vez a nivel mundial, que bloquear la actividad de una proteína llamada RAC1 puede proteger el hígado y reducir de manera significativa el daño que provoca la hepatitis fulminante. El hallazgo no solo abre una nueva ruta terapéutica para una enfermedad con muy pocas opciones, sino que además tiene la particularidad de basarse en una molécula que originalmente se diseñó para la oncología.
En este marco, LV12 Radio Independencia se contactó con el Dr. Juan Miguel Bayo Fina, investigador adjunto del Conicet y codirector del estudio realizado en el Laboratorio de Hepatología Experimental y Terapia Génica del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Universidad Austral-Conicet).
“Es una enfermedad en la cual hay un deterioro muy rápido, es decir, una destrucción muy rápida del hígado. Esto ocurre ya sea porque hay una hepatitis viral, una sobredosis con algunos fármacos o por alguna enfermedad autoinmune. Ahora, indistintamente de la causa, lo que ocurre es que el hígado se deteriora rápidamente y más o menos el 50% de los pacientes que tengan esta enfermedad van a necesitar un trasplante”, explicó Bayo Fina.
El investigador detalló que el proceso se inicia con un primer daño en el hígado, pero ese daño “se comienza a masificar y amplificar continuamente hasta que llega a la destrucción del órgano”.
“Nosotros encontramos que inhibiendo una proteína que se llama RAC1, una de las tantas que tiene la célula y que funciona como interruptor celular, con un fármaco experimental logramos detener ese proceso de amplificación del daño. Entonces, en modelos experimentales de laboratorio, lo que uno puede ver con este fármaco es que evita que el daño se propague y tal vez no sea necesario el trasplante, o bien uno logra frenar lo suficiente el avance del daño hasta que aparece un órgano para ser trasplantado. Una gran problemática es que muchos pacientes que requieren un trasplante hepático fallecen antes de que aparezca un órgano compatible”, señaló.
En este sentido, el especialista remarcó que la investigación no apunta a una cura inmediata, sino a frenar el avance de la enfermedad.
“No es que cura, no es que hace que de repente algo que estaba enfermo ahora esté sano. Lo que hace es evitar que el daño progrese. Ahora, el hígado es un órgano con mucha capacidad de regeneración. Si vos permitís o pudieras frenar el avance del daño, después el hígado se va a regenerar solo. Lo que uno necesita es evitar que ese daño sea tan masivo que después el órgano no se pueda recuperar por sí solo”, concluyó.

