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"Todo tiene arreglo": el hilo que une la historia de Bea, la modista de barrio en Tucumán

Bea, la modista del barrio de Villa Las Flores, Tafí Viejo, pasó por En el Aire de LV12 para contar su historia.

“¿Le queda grande? Se lo achicamos. ¿Le queda chico? Lo agrandamos. ¿Necesita un elástico? ¿Se le rompió el cierre? Todo tiene arreglo”, dice Bea, la modista del barrio de Villa Las Flores, Tafí Viejo, quien llegó tempranito el domingo a la mañana para contar su historia En el Aire por LV12.

“Empecé desde muy chiquita. Mi hermana mayor era modista y yo la miraba y la miraba. Yo también quería coser. Le insistía hasta que una vez que la molestaba. Un día me dice: ‘Bueno, te voy a hacer un pantalón y listo’. Me gustó como me quedó. Cuando le pedí que me hiciera otro pantalón, mi hermana me dijo que no. ¿Sabés entonces qué hice? Lo desarmé, lo puse sobre la tela, lo corté y lo empecé a coser. Así hice mi primer pantalón. Después empecé a hacer todo blusa. Tenía 13 años. Era chiquita”.

El hilo que une la historia de Bea, la modista del barrio, continúa en el primer taller al que entró a trabajar como empleada de limpieza. “Después de ordenar todo, en la hora libre de las chicas, me sentaba en la máquina máquina industrial. Cuando me casé, dejé de coser y después de separada volví a mi oficio y me perfeccioné. Hice cursos en Buenos Aires más específicos de corsetería, de alta costura. Sé hacer desde lo más mínimo como un zurcido, un ruedo o un cierre hasta un vestido de novia para la fiesta. Lo que me pidan”.

La historia de Bea llegó al estudio de LV12 a través de una camiseta de fútbol. La historia merece ser contada: Pedro Noli, autor y protagonista de la obra de teatro Barrio Viajantes, lamenta en un momento de la obra haber perdido la camiseta de su infancia y utiliza la camiseta prestada por su amigo Diego. Esta historia llegó a Bea, quien pidió una foto de la camiseta, compró las telas azules, blancas y rojas, sacó el molde, las tijeras, la máquina de coser y a brillar, mi vida. Ahora, Pedro tiene su propia camiseta con el número 10 en la espalda a través de esta mujer que cose al pasado con el presente, que arregla las marcas del tiempo, lo roto, lo percudido, lo que parecía perdido hasta que llega a sus manos.

“Alguna vez alguien me dijo: ‘Ser modista es un oficio muy lindo porque hace feliz a la gente’. Y así lo siento O sea, viene alguien y me dice: ‘Escuchame, Bea, tengo una fiesta, quiero un vestido así. Y me quiero ver linda. Y mi trabajo es ese, hacer que se vea linda, que se vea bien, que se sienta feliz. Cuando se mira al espejo, una vez que ya está hecho, me siento realizada. Para mí es un desafío cada vez que empiezo una prenda y ese es mi objetivo: que la clienta se sienta contenta”.

En los barrios de Tafí Viejo como Villa Las Flores (donde trabaja Bea), en el Próspero Mena, en Villa Obrera y en la mayoría de los barrios de Tucumán, hace algunas décadas era común tener a mano a la modista del barrio. Ahí mismo, en Tafí, cerca de los billares de la avenida Alem, mientras los hombres hacían ruido con las fichas del dominó, las bordadoras Acosta como Lola, Ángela y Encarnada bordaban como hadas, aprendían y enseñaban a las generaciones venideras el oficio de ser modista.

Durante algún tiempo, encontrar a una modista dejó de ser tan accesible, pero conforme a los tiempos que regresan, con Bea de la mano la modista vuelve a brillar y a ocupar un rol central en la economía de las casas tucumanas. “Vienen al taller clientes de todo tipo, con muchos gustos diferentes. Etá la clienta que está apurada y por mensajito me dice: ‘Bea, quiero esto, y esto, y listo’. El moto Uber lo lleva y lo trae. Y está el cliente al que que le gusta ir, se toma el tiempo, se mide, se mira al espejo, le buscamos modelo. Si es para confeccionar, empiezo desde cero. Primero va a charlar conmigo, le indico qué tipo de tela se usa, elegimos la tela, y después comienza mi parte: hacer el molde, cortar, armar, llamar al cliente que venga, se mida y ahí surge lo que el cliente quiera modificar. Por lo general es una medida o dos y listo: se termina la prenda y se va contento”.

Por las manos de Bea pasan sueños. Vuelven nuestras madres, nuestras tías, nuestras abuelas. Por las manos de Bea transcurre el recuerdo de una bailarina al ritmo del Pata-Pata, de una odalisca en la Sirio Libanesa, de una patinadora del club Alemán, recuerdos como los de Viviana Bilotti, la co-conductora del programa junto a su hijo Alfredo, quien antes del cierre de la entrevista comparte las historias de las Acosta en Tafí y de su madre Angelita, quien le arreglaba la vida: “Mi mamá Angelita egresó de la escuela profesional: cosía, tejía, bordaba. Me acuerdo cuando fue a hacer el curso de Plavinyl, que era con los plásticos. Venía con los saché de leche que había recolectado de todas partes. Cortaba con la tijera dentada y con eso hacía bolsas, gorros de bebé y eran todos los regalos de, por ejemplo, el día del maestro. Yo llevaba regalos para todos hecho por mi mamá. O en danza, por ejemplo, ella cosía todos mis trajes de danza. En la máquina Nitax me dice un día: ‘Mamita, yo te voy a enseñar’. Me sentaba con un ovillo a devanar, me hacía los pantalones palazzo, los buzos cortos, con escote, de todo”.

Ese oficio de madre es el que que Bea transmite a su hija Rocío, con quien comparte la última anécdota de esta charla que llega a su puntada final: “Tengo un cliente que me llevó una vez una camiseta de San Martín y me dijo: ‘Esta camiseta tiene 40 años y la quiero seguir conservando’. Había que reconstruirla. Él tenía poca fe de lo que podía salir. Cuando yo se la arreglé, la vio y me dijo: ‘No puedo creer, está como nueva’. Anécdotas así comparto con mis tres hijas. Rocío tiene 28 años y ella ya es diseñadora. Se perfeccionó un poco más que la mamá. Mis otras hijas se dedican a la gastronomía. Todas somos independientes”, infla el pecho orgullosa la Bea, siempre arreglada, coqueta, esta mañana con una campera de cuero re canchera y que no quiere dejar de saludar a Leo Bercovich y a su mamá Norita de la casa Bess, donde cientos de emprendedoras tucumanas compran sus máquinas de coser para tejer sus propios sueños. “Leo siempre me bancó en un montón de cosas, de ir pagando de a poquito, de ayudarme cuando se me rompe una máquina, de decirme: ‘Llevate los repuestos y después fijate’. Esas son las cosas lindas de mi oficio, de mi trabajo. Es lo que me apasiona. Como cuando viene una chica, me muestra la prenda y me pregunta: ‘¿Tendrá arreglo?’. Y yo le doy la respuesta que más me gusta dar: ‘Claro que tiene arreglo. Todo tiene arreglo’”.

Quienes deseen comunicarse con Bea, la modista de barrio, emprendedora tucumana, pueden hacerlo al teléfono: 3813 54-3824. También tiene Instagram: @tallerdecosturabea.

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