Según los datos recopilados por Clarín, nacido en 1919 en la ciudad polaca de Turek, cerca de Lodz, creció en una familia religiosa. Su padre, Abraham, era comerciante, mientras que su madre, Dobrish-Leah, era ama de casa.
Durante la Segunda Guerra Mundial fue apresado por el régimen nazi. Junto a su familia enfrentó extremas condiciones tras ser deportado al gueto y al campo de exterminio de Auschwitz.
Tras la finalización de la guerra en 1945, Widawski regresó a la ciudad de Lodz. Allí se casó con Dobrish, también sobreviviente del Holocausto, con quien tuvo a su primer hijo, Avraham.
En 1950, la familia emigró a Israel y se radicó en Tel Aviv, donde nació su hija Leah. Desde allí trabajó para recordar la destrucción de las comunidades judías.
En una entrevista dada a Ynet a sus 100 años, sintetizó su visión. “Mi venganza contra los nazis es que perdieron y que tenemos el Estado de Israel”, afirmó.
“Somos libres y fuertes, y nadie podrá destruirnos jamás”, completó sobre lo que consideraba su revancha personal. La frase sintetizó su testimonio de vida.
Widawski dedicó gran parte de su labor a buscar, recuperar y restaurar cementerios y tumbas judías en Lodz. En esa ciudad polaca existía una importante comunidad judía antes del conflicto.
Según informó el mismo medio, su testimonio e información sobre el exterminio de seis millones de judíos europeos integran los archivos de Yad Vashem. La entidad oficial con sede en Jerusalén resguarda relatos de sobrevivientes.
En 2012, Yad Vashem seleccionó a Widawski para encender una antorcha en la ceremonia oficial del Día de Conmemoración del Holocausto en Israel.
El presidente de Israel, Isaac Herzog, lamentó el fallecimiento del centenario sobreviviente. “Me entristeció enterarme del fallecimiento de Yehuda Aharon Widawski, de bendita memoria”, expresó el mandatario.
Herzog definió a Widawski como “sobreviviente de Auschwitz y de los campos nazis, a la edad de 107 años”. El mensaje presidencial destacó la trayectoria del homenajeado.
El jefe de Estado recordó haberlo hospedado en la Residencia Presidencial a sus 104 años con su familia. Allí escuchó su decisión de viajar a Polonia para buscar la tumba de su abuela.
Con su fallecimiento desaparece uno de los últimos testigos directos de la persecución nazi, la vida en los guetos y la deportación a campos de exterminio.