Según el relevamiento, desde diciembre de 2023 se destruyeron 253 mil puestos de asalariados formales, mientras que esa caída fue compensada por la creación de 288 mil empleos cuentapropistas de baja calificación y precarios.
El informe señala que actualmente la proporción de asalariados formales cayó al 46% del total de ocupados, el nivel más bajo de la serie histórica, mientras que la informalidad alcanzó el 48%, una cifra récord.
Los investigadores describen este fenómeno como una “metamorfosis del empleo”, donde 7 de cada 10 nuevos puestos son precarios y los tres restantes corresponden a monotributistas. En términos generales, remarcan que 10 de cada 10 nuevos trabajos creados corresponden a formas de autoempleo.
Además, advierten que la destrucción de empleo registrado se produjo en todas las regiones del país, sin excepciones.
Ingresos insuficientes y más trabajadores pobres
El estudio también pone el foco en la crisis de ingresos. Según sus datos, el 71% de las personas ocupadas no logra cubrir la Canasta Básica Total para un hogar tipo, porcentaje que incluso alcanza al 59% de los asalariados formales.
A su vez, el 63% de los trabajadores percibe ingresos de hasta $1 millón mensuales, mientras que la brecha salarial continúa ampliándose: los asalariados informales ganan 52% menos que los formales y los cuentapropistas de baja calificación perciben 47% menos.
Otro indicador que refleja el deterioro es el aumento del pluriempleo, que pasó del 8,8% en 2016 al 12,2% actual, lo que implica cerca de 1,6 millones de personas con más de un trabajo.
El informe sostiene además que más de 10 millones de personas enfrentan problemas laborales, entre desocupación, informalidad, subocupación y demanda de más horas de trabajo, la cifra más alta registrada por la serie.
El crecimiento del trabajo cuentapropista
Uno de los sectores que más creció es el de los cuentapropistas de baja calificación. Hoy representan 2,6 millones de trabajadores, frente a los 1,8 millones registrados en 2016.
Lejos del perfil asociado a plataformas digitales, los investigadores aclaran que se trata principalmente de comercio callejero, construcción y producción industrial informal.
El 73% trabaja sin monotributo, obra social ni aportes jubilatorios. Su ingreso promedio ronda los $720 mil mensuales, un 45% menos que un asalariado formal. Además, el 86% se ubica por debajo de la línea de pobreza y el 42% ni siquiera supera la línea de indigencia.
El estudio identifica a jóvenes y jubilados como los grupos más golpeados por la situación laboral.
Los menores de 30 años representan el 53% de los desocupados, mientras que la informalidad juvenil llega al 58%, lo que implica que casi dos de cada tres jóvenes trabajan sin formalización.
En paralelo, el 18% de los jubilados permanece o volvió al mercado laboral, el porcentaje más alto de los últimos nueve años. Según el informe, esta situación responde a la insuficiencia de los haberes previsionales.
Una economía a dos velocidades
El trabajo sostiene que la economía argentina muestra una estructura “dual y desigual”. Mientras sectores considerados dinámicos como agricultura, minería y finanzas emplean apenas al 3% de los ocupados, actividades como industria, construcción y comercio, que concentran al 40% del empleo, permanecen afectadas por el proceso recesivo y destruyeron cientos de miles de puestos.
El informe también analiza el caso de Neuquén y el desarrollo de Vaca Muerta. Allí, pese al crecimiento hidrocarburífero, el empleo asalariado formal avanzó apenas 0,5% entre fines de 2023 y 2025, mientras crecieron los trabajos precarios. Solo el 10% de los ocupados neuquinos trabaja en minería e hidrocarburos, sector donde se concentran los salarios más altos.
En materia social, los investigadores advirtieron que la pobreza registró su primer aumento intertrimestral desde 2024. Luego del pico del 55% y la posterior baja al 31,8%, el último trimestre de 2025 mostró un incremento de tres puntos porcentuales.
Como conclusión, el informe sostiene que Argentina atraviesa “una economía estancada con crisis de ingresos y empeoramiento generalizado de las inserciones laborales” y advierte que, en el actual esquema económico, hay muchos más perdedores que ganadores, mientras que quienes lograron conservar empleos asalariados formales aparecen como los sectores relativamente más protegidos, aunque también afectados por la pérdida de poder adquisitivo.