Algunos vendedores ambulantes ofrecían enseñas blancas y amarillas con la imagen de León XIV: $12.000 las más grandes y $6.000 las chicas. Con el cielo despejado, sol y una temperatura cercana a los 20 grados, el Gobierno recibió con un clima ideal al Sumo Pontífice en su primera visita al país.
Recién cerca de las 14:00, los efectivos de la Policía Federal comenzaron a vallar la zona y a despejar el perímetro de 200 metros alrededor de Balcarce 50, mientras que la circulación de los subtes hacia las cabeceras cercanas a la Plaza de Mayo estuvo restringida desde las primeras horas de la tarde.
El operativo dejó prácticamente vacío el entorno de la sede de Gobierno, a excepción de una multitud de unas 200 personas que se apostaron detrás de las vallas, mirando hacia la sede gubernamental.
El operativo de seguridad también se extendió al interior de la Casa Rosada. Los controles fueron reforzados en cada acceso, con revisiones adicionales para los funcionarios, trabajadores acreditados e invitados que ingresaron al edificio.
Además de los efectivos federales y locales desplegados en el perímetro, integrantes de la custodia del Papa supervisaron desde temprano todos los lugares de la recorrida de León XIV dentro de Balcarce 50 y coordinaron los movimientos con las autoridades argentinas.
El Santo Padre aterrizó en la Base Militar de Aeroparque unos minutos pasadas las 16:30, tal como estaba previsto, procedente de Uruguay, primera escala de su gira latinoamericana, y allí fue recibido por el presidente Javier Milei, autoridades eclesiásticas y un grupo nutrido de granaderos, varios de ellos integrante de la Fanfarria del Alto Perú, quienes entonaron el himno nacional argentino.
Tras la ceremonia de honor, ambos caminaron unos metros por la alfombra roja y se dirigieron a saludar a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei -quien le dio la mano a León XIV y le dijo “gracias por venir”-, a distintos representantes de la Iglesia y a un conjunto de fieles, antes de trasladarse hacia la Casa Rosada.
En la explanada de la sede de Gobierno lo esperaba un nutrido grupo de granaderos a caballo, que formó parte de la recepción oficial, y el mandatario nacional se adelantó unos minutos para esperarlo en el ingreso principal y, luego del saludo inicial, ambos caminaron juntos hacia el Salón Blanco.
La escena posterior fue breve y protocolar. Primero se realizó la foto oficial de la visita y el intercambio formal entre el Presidente y León XIV, quien llegó a la Argentina 39 años después de la última visita papal al país, protagonizada por Juan Pablo II en 1987.
Después, el Pontífice se trasladó a la Galería de los Vitrales, donde saludó uno por uno a los miembros del Gabinete, además del asesor, Santiago Caputo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich.
La presencia de la ex ministra de Seguridad marcó un gesto de buena voluntad por parte de la cúpula libertaria, que tiene un fuerte malestar con ella por las últimas declaraciones y movimientos públicos que hizo, en los que insinuó sus deseos de competir por la Presidencia en el 2027.
Una vez terminado ese encuentro, Javier y Karina Milei pasaron al despacho presidencial con el Papa para mantener una reunión bilateral que duró cerca de 40 minutos. Fue el momento más reservado de la agenda en la Casa Rosada y se realizó sin ministros ni otros funcionarios presentes.
Durante esa audiencia, el Presidente le entregó al líder de la Iglesia Católica un medallón de plata con relieve de oro, guardado en una caja de madera. De un lado lleva el escudo nacional de la República Argentina y, del otro, el emblema del Vaticano, junto con la fecha de la visita y el nombre de León XIV.
Milei también le obsequió un hisopo o aspersor de ébano y plata, utilizado por los religiosos para arrojar agua bendita sobre los fieles, que tiene grabada en su extremo una imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, y de la localidad bonaerense donde el religioso también realizará una misa el miércoles próximo.
El encuentro entre ambos se dio más de un año después de la primera audiencia que mantuvieron en el Vaticano, el 7 de junio de 2025. En aquella oportunidad, Milei y León XIV conversaron a solas durante 45 minutos en la Biblioteca Pontificia y el Papa confirmó que visitaría la Argentina.
Entonces, el mandatario le había regalado un poncho de vicuña confeccionado por artesanos de Catamarca y el Pontífice le entregó un mosaico con la imagen de la Basílica de San Pedro.
En paralelo al encuentro oficial entre los dos mandatarios, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y los ministros de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, y de Capital Humano, Sandra Pettovello, encabezaron una audiencia propia con representantes del Vaticano.
Luego de la reunión en el despacho presidencial, León XIV dejó la Casa Rosada para dirigirse al Palacio Libertad, donde encabezará una actividad con autoridades políticas, representantes de los tres poderes del Estado, gobernadores, legisladores, embajadores y referentes de la sociedad civil.
Antes de llegar a ese lugar, el Papa hizo una parada frente al monumento a Juan de Garay, donde el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, le entregó las llaves de la Ciudad de Buenos Aires, en una ceremonia que fue incorporada a último momento a la agenda como un reconocimiento institucional a la visita del Santo Padre.
Milei y los ministros lo seguirán minutos después hasta el Palacio Libertad. Allí, tanto el Presidente como León XIV darán discursos ante los invitados. El lunes volverán a encontrarse en la misa que el Pontífice celebrará en el Monumento de los Españoles, en Palermo, la principal de las tres celebraciones religiosas previstas durante su estadía en el país.
Todos los presentes, tanto en la Casa Rosada como en el ex CCK, estuvieron estrictamente vestidos de negro, tal como la secretaria general les había ordenado, siguiendo los protocolos que le transmitieron los enviados del Vaticano durante el proceso de coordinación.