Los protagonistas de esta historia de amor ya fallecieron, pero sus cuatro hijos administran el lugar y preservan la guitarra de árboles que soñó su madre.
Antes de morir de un repentino aneurisma en 1977 a los 25 años, Graciela Yraizoz le dijo a su esposo Pedro Ureta sobre el proyecto para la estancia, un anhelo que no pudo llevar a cabo.
Embed - https://publish.x.com/oembed?url=https://x.com/AlertaNews24/status/2045046855839387749?s=20&partner=&hide_thread=false
Al morir estaba embarazada del quinto hijo de la pareja, que murió con ella.
En su memoria, Ureta plantó pacientemente unos 7.000 ejemplares en un espacio de 25 hectáreas, una obra paisajística que le demandó cinco años, pensada como tributo eterno.
Como ningún paisajista aceptó el proyecto, lo hizo con sus propias manos junto a sus hijos. Tras varias siembras perdidas, la guitarra comenzó a cobrar forma. Casi medio siglo después de la muerte de Yraizoz, los árboles llegaron a su madurez plena dando a la figura el máximo esplendor.
De 1.100 metros de largo, la guitarra de árboles combina el siempreverde de pinos cipreses californianos, con eucaliptos azules que trazan las seis cuerdas hasta el puente dibujado con cipreses de piña.
La figura remata en un clavijero recostado en un camino rural que invita a recorrer este monumento verde, aunque la figura sólo puede verse desde el cielo.
Ureta murió en 2019 a los 79 años. Como temía volar, nunca sobrevoló su obra.
La NASA fotografió varias veces la silueta que puede verse desde Google Earth con las coordenadas 33°52'04.3" S 63°59'16.9" W.