En diálogo con LV12, el ex médico pediatra del Hospital Garrahan y especialista en Hematología y Oncología Infantil, Pedro Zubizarreta, destacó el valor de la cooperación entre instituciones para garantizar el acceso a tratamientos de calidad.
"La cooperación asistencial que damos siempre es un aspecto fundamental, lo que justifica nuestra presencia es atender a los chicas de la mejor manera en tiempo y forma, articulada con todos los centros", afirmó.
Zubizarreta explicó que "a veces las noticias del Garrahan son noticias de cosas complejas y deslumbrantes, sobre todo quirúrgicas, de trasplantes y esto es algo que por ahí es más silencio; generalmente el linfoma de Hodgkin tiene cierta presencia en niños y sobre todo en adolescentes, tradicionalmente se trató con quimioterapia y radioterapia; la enfermedad afortunadamente se cura en un 98% de los casos, osea que es muy altamente curable".
El especialista señaló que el principal desafío ya no es solo lograr la curación, sino reducir las secuelas que algunos tratamientos pueden provocar años después: "El tema de pensar en el futuro es fundamental, hay problemas que no vamos a ver como pediatras pero que por la radioterapia van a aparecer décadas después, como puede ser segundos tumores o enfermedades cardiovasculares y son cuestiones que hacen a la posterior calidad de vida del adulto. Estamos pensando en tratamientos que tengan esa posibilidad de no dañar el futuro de las personas y afortunadamente logramos bajar sensiblemente la exposición a radioterapia de manera de evitarlaselas al 80% de los chicos, de modo esto es un avance".
El tratamiento recibió reconocimiento por parte de la comunidad científica internacional: "Son ocho drogas distintas que tienen muy poca toxicidad al momento de su aplicación y que no tienen consecuencias tóxicas, todo esto se tuvo en cuenta en este tratamiento que tuvo reconocimiento internacional".
El trabajo conjunto entre el Hospital Garrahan y el Hospital Pereira Rossell constituye un importante avance en el tratamiento del linfoma de Hodgkin clásico, ya que permite mantener una tasa de curación cercana al 98%, al tiempo que reduce significativamente la exposición a la radioterapia y sus posibles efectos a largo plazo.