En un contexto de aguda crisis económica y financiera, Alberto Fernández inicia hoy un largo tránsito hasta el 10 de diciembre. Pese a que durante este mes y medio la lapicera seguirá en manos de Mauricio Macri, las tareas del nuevo Presidente comenzarán antes de calzarse la banda. Tanto en el mercado como en el equipo del Frente de Todos coinciden al enumerar los desafíos más urgentes: el inicio de las negociaciones con los acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional, que incluye la necesidad de destrabar el desembolso de US$5.400 millones, por un lado, e intentar conseguir un acuerdo básico de transición con el Ejecutivo actual que le permita capear los 44 días que lo separan de la asunción con la menor volatilidad macro posible, por otro.
La dinámica de la crisis no da margen para demoras. Desde el estallido de la corrida post PASO, se fue casi el 35% de lo que había en las arcas del Banco Central a pesar del control de cambios light que no evitó que el dólar salte al récord de $65. Entre intervenciones para contener el tipo de cambio y pagos de deuda no reperfilada, los cálculos privados hablan de un stock de tenencias netas que ronda los US$7.000 millones. Un número más que insuficiente para afrontar las necesidades en ambas vías de drenaje. Por lo pronto, en noviembre habrá un abultado calendario de vencimientos de capital e intereses por unos US$2.000 millones tanto en moneda local como extranjera.
Por eso, el Gobierno anunció anoche un endurecimiento del control de cambios para frenar la quema de reservas para contener el dólar. Pero para blindar las pocas reservas que quedan no bastará con eso. Todos los ojos, a partir de ahora, se posarán en el mandatario electo y, según los analistas, sus primeras señales serán centrales para formar las expectativas de los agentes del mercado durante la transición. Aunque también será muy importante que Macri muestre predisposición a cooperar en un traspaso ordenado, a diferencia del discurso polarizante del lunes post PASO. El foco pasará por ver si se logra que los ahorristas aminoren el ritmo de los retiros de depósitos en dólares y que los grandes jugadores no huyan en masa de los ya hundidos activos argentinos.
Así, el ex jefe de Gabinete tendrá en la deuda una de sus máximas prioridades. Tras duplicar el volumen de pasivos en dólares, el Gobierno de Cambiemos dejará en herencia vencimientos por más de US$150.000 millones entre acreedores privados y el préstamo del FMI. El mercado los descuenta impagables y prevé un escenario de pronto default, reflejado en un riesgo país de 2.137 puntos. Por eso, el presidente electo formalizará las conversaciones ya iniciadas con los grandes fondos y se sentará a la mesa de Kristalina Georgieva.
En este punto, hay posiciones contrapuestas en su equipo de asesores económicos. Algunos todavía consideran viable avanzar en una renegociación "a la uruguaya", es decir, amigable y sin quita. Otros dicen que no será suficiente una extensión de plazos y le plantean propuestas más agresivas. Apoyado en su condición de acreedor privilegiado, el propio Fondo presiona para que los privados reciban una quita de entre 20% y 40%.
En ese marco, el analista financiero Christian Buteler consideró que Fernández tendrá tres desafíos centrales: "Primero, necesita renegociar con el FMI o, por lo menos, acordar rápidamente para recibir el desembolso porque van a ser los únicos dólares frescos con los que cuente. Al mismo tiempo, tiene que empezar rápido a hablar con los bancos de inversión para ver cómo se reestructura la deuda privada porque empiezan los vencimientos y no alcanzan los dólares. Y tercero, la inflación, que sigue pegando muy duro en los bolsillos de la gente".

