Austria se mostró ordenada y cerró bien los caminos hacia el arco, obligando a Argentina a trabajar cada ataque. Sin embargo, el primer gol llegó con una jugada que refleja la esencia del fútbol argentino: proyección de un lateral, centro atrás y definición del argentino Lionel Messi, que tuvo revancha inmediata después de haber desperdiciado un penal.
Con la ventaja, la Albiceleste administró el encuentro con inteligencia. Scaloni movió el banco para sostener el resultado y evitar sobresaltos, mientras que el equipo continuó mostrando solidez en todas sus líneas. El segundo tanto nació de otra genialidad de Messi, que asistió a Julián Álvarez y luego acompañó la acción con su habitual instinto goleador para aprovechar una serie de rebotes y empujar la pelota a la red.
Más allá del resultado, lo más destacado fue la superioridad argentina en cada fase del juego. Cuando tuvo la pelota fue protagonista, y cuando no la tuvo supo defenderse con orden y concentración. Austria intentó complicar, pero nunca logró discutir el dominio de un seleccionado que sigue demostrando equilibrio, jerarquía y una enorme madurez para afrontar cada desafío.