Navidad | violencia | Roberto González Marchetti

Que el árbol de Navidad no tape las violencias domésticas

Todos tenemos que lograr una responsabilidad colectiva, es necesario reconocer y ayudar a denunciar las situaciones de violencia y en buscar ayuda especializada.

La sana costumbre de celebrar en familia la Navidad, que es vivida con alegría, con afectos y apoyo mutuos, con el agregado de ver disfrutar, que los niños esperan con ansias los regalos que en forma mágica aparecen en el árbolito, no sucede así en algunas familias.

Algunas pueden estar atravesando duelos, donde el juntarse es una forma mutua de sostenerse, y contener, la angustia colectiva, que significa llenar ese vacio, y en otras familias pueden ocultar violencias pre existentes, donde la cena, es digerida con tensión y miedo.

Pero también existe una jornada que empezó muy bien, en una armonía colectiva, que no se supo sostener y termina en una jornada o al día posterior en peleas que llevan a un dolor y en ocasiones a una grieta, donde ya existían antes una precaria armonia.

En las situaciones de violencia, siempre es bueno recordar, los teléfonos donde pedir ayuda, sea el 911 de la policía, o en las dependencias judiciales (O.V.D.), pero que pasa en estas familias, donde pudo haber lo que se llama el comúnmente el Grinch navideño, donde el consumismo y la preocupación solo por sí mismo, asociada al odio, que lo mantiene alejado de las demás personas, cumplió su objetivo final, que es amargar una fiesta.

En estas familias, existen dificultades de lograr una simetría de poder, basada en el respeto, la tolerancia, en la inhibición de conductas “sanas” y la fácil liberación de conductas disfuncionales, con lo cual los adultos mayores, y los niños/ adolescentes, siempre son destinatarios de estos abusos, y conflcitos, al ser la franja mas vulnerable. Esta familia, no sana, que no protege a sus miembros y se interrelaciona en el afecto a través de comportamientos violentos, donde el respeto al otro, esta monitoreado por un sistema de creencias mentales ,que no propician el bienestar, al estar basado en la dominación, la carencia de empatía y la contención.

Estas formas de violencia familiar, como el abandono, el maltrato físico, el psicológico, el sexual, el económico, incluso las sexuales, no solo fue un acto único o episódico, se fue construyendo hasta terminar siendo un habito de funcionamiento ( el abuso del poder). Existen diversos autores que hablan del ciclo de la violencia familiar, como un proceso dinámico, que comienza con la tensión, la violencia, y termina luego con la calma (relativa), una calma donde quedan heridas emocionales, y físicas en algunos casos. Las personas que pasaron por esas situaciones, hoy la Navidad, puede estimular esas heridas abiertas, o en el peor de los casos, la tomaron como propio, y la repiten en la familia que formaron.

Se considera que los conflictos de pareja deben resolverse siempre, con tolerancia, flexibilidad de posturas e ideas y saber comunicarse, expresando pensamientos y sentimientos para llegar a acuerdos. La violencia no es un asunto privado ni un problema individual, yo diría que se esta convirtiendo, para mi modo de analizar, en un problema de salud pública.

Por algo existen, en la mayoría de las guardias, donde va una persona con golpes y herida, o en estados de abstinencia por drogas, o en coma alcohólica, que al romper ese silencio, aparecen discursos de victimas, que demanda soluciones. Al igual que los suicidios, y la gran demanda en este mes de diciembre, de pedir en los juzgados de familia, la internación obligatoria de algún miembro familiar, que molesta con sus síntomas, y no quieren brindar contención y resguardo, solo buscan que el Estado, le solucione su intolerancia.

Todos tenemos que lograr una responsabilidad colectiva, es necesario reconocer y ayudar a denunciar las situaciones de violencia y en buscar ayuda especializada para una atención integral del problema, el no involucrarse, bajo la creencia mental distorsionada “que los problemas lo resuelven ellos en la intimidad”, estamos apoyando ese ciclo de la violencia, porque las víctimas, no pueden salir solos, necesitan el apoyo, y como sociedad, debemos brindar esos espacios, al igual que el área de la salud, abriendo mas espacios terapéuticos, para contener esa demanda.

Para finalizar, debemos identificar la violencia que no es visible, y la mas difícil de detectar, que es la violencia psicológica, aquellas palabras y actitudes, de parejas, hijos, o padres que hieren el autoestima, y terminan sometidas muchas mujeres, niños, y adultos mayores, dependiendo quien las digan, donde el anciano, no necesita el psicofármaco para dormir, ni aislarse con el miedo, ni deshidratarse ante la negligencia y abandono de sus hijos, que quizás fueron víctimas, pero se convirtieron en victimarios, al igual que ellos, debemos terminar y comprometernos para que el ciclo no continue de generación en generación.

No olvidemos que el silencio de los individuos y del Estado, estimula la conducta del agresor/a.

Artículo del Psicologo Roberto Gonzalez Marchetti, presidente de Feput

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