Hay días que dejan una huella imborrable en un hospital. Este viernes, el Hospital del Niño Jesús vivió uno de ellos: Luciana, la pequeña que el pasado 24 de septiembre, día de la Virgen de la Merced, ingresó con lesiones gravísimas después de ser atacada por un perro pitbull, recibió el alta médica y podrá volver a su hogar junto a su familia.
La escena estuvo cargada de emoción. Después de atravesar días críticos, verla caminar y recorrer los pasillos acompañada por su abuela, Rosa Soria, fue motivo de alegría para quienes estuvieron a su lado desde el primer momento. Los abrazos, las lágrimas y las sonrisas reflejaron no solo la felicidad por su recuperación, sino también el esfuerzo colectivo de médicos, enfermeros, especialistas y trabajadores que acompañaron cada etapa de su evolución.
La atención de Luciana puso de manifiesto la capacidad de respuesta del sistema público de salud y el valor del trabajo en equipo. En consonancia con las políticas sanitarias del gobernador Osvaldo Jaldo, el Ministerio de Salud Pública, conducido por el doctor Luis Medina Ruiz, sostiene una gestión centrada en la atención oportuna, el acompañamiento de las familias y la respuesta integral ante situaciones de alta complejidad.
Una respuesta decisiva
La directora del Hospital del Niño Jesús, doctora Inés Gramajo, destacó que Luciana llegó al hospital durante un día feriado, en estado crítico, con una importante hipotensión, descompensación hemodinámica y un compromiso respiratorio que hacía especialmente compleja su atención.
Durante el traslado, la niña debió detenerse en el Hospital Padilla, donde recibió asistencia inicial, antes de continuar hacia el Hospital del Niño Jesús, donde necesitaba ser intubada y recibir atención especializada.
“Llegó gravísima”, recordó Gramajo, quien destacó la intervención de los pediatras de guardia, quienes lograron estabilizarla, asegurar la vía aérea y coordinar los estudios necesarios para determinar la magnitud de las lesiones. Posteriormente, la pequeña ingresó a terapia intensiva.
La paciente permaneció nueve días con asistencia respiratoria mecánica y luego continuó otros tres días en terapia intensiva, ya sin respirador. Más tarde pasó por terapia intermedia y finalmente llegó a la sala de clínica, donde siguió su recuperación.
La médica remarcó especialmente la respuesta de los cirujanos, quienes acudieron al hospital pese a tratarse de un feriado para realizar una intervención que se extendió durante aproximadamente tres horas y media, destinada a reconstruir las estructuras afectadas de su rostro. “Una niña que llegó grave, con pronósticos reservados, que hoy se pueda ir de alta, la verdad que es digno de destacar el trabajo en conjunto que tienen nuestros médicos, nuestras enfermeras y todo el equipo del hospital”, expresó.
Gramajo explicó que Luciana se retiró con turnos programados para continuar el seguimiento de las lesiones, en particular las relacionadas con el ojo izquierdo. Según su evolución, se evaluará la necesidad de realizar interconsultas con otros especialistas.
Además, puso en valor el papel de la salud pública para responder ante una emergencia de estas características, con profesionales que acudieron de manera inmediata para garantizar la atención que la niña necesitaba. “Es tremendamente importante mostrar lo que trabaja nuestro hospital, lo que trabaja nuestro equipo y cómo nos pide el ministro estar cerca de los pacientes y de la familia”, sostuvo. Y agregó que esta respuesta refleja una política de Estado en la que la salud pública constituye una prioridad para el Gobierno de Tucumán.
Una recuperación acompañada
La doctora Beatriz De Fusco, integrante del plantel médico de la sala 7, brindó detalles sobre las lesiones que presentó Luciana y los cuidados que requirió durante su internación.
La niña sufrió una doble fractura de mandíbula, una lesión del motor ocular del ojo izquierdo y una parálisis facial del lado derecho. Durante su estadía hospitalaria también presentó bronquiolitis causada por el virus sincicial respiratorio, una infección frecuente en esta época del año, que logró resolver favorablemente. “Es una desgracia con suerte. Ella estuvo muchos días en respirador, muy grave, y cuando pasó a la sala 7 tuvo una muy buena evolución”, explicó De Fusco, quien manifestó la satisfacción del equipo por verla en condiciones de regresar a su hogar.
El alta contempla un seguimiento integral con los especialistas que participaron de su tratamiento. La niña continuará bajo control del cirujano plástico, doctor Martín Sánchez; del especialista odontológico que intervino quirúrgicamente, doctor Martín Hilal; del equipo de oftalmología, con la doctora Marcela Judith Gonorazky; y de neurología, con el doctor Augusto Médici. También realizará rehabilitación motora con fonoaudiología y permanecerá bajo seguimiento de su pediatra de cabecera, con controles acordes a su condición clínica.
La médica indicó que el primer control estaba previsto para el lunes y que la abuela recibió todas las pautas de alarma para acompañar el proceso en el hogar.
De Fusco destacó que la recuperación fue posible gracias a la intervención coordinada de los médicos clínicos, los especialistas, el personal de terapia intensiva y los profesionales de rehabilitación. “Es como un equipo que trabajamos en conjunto”, resumió, al remarcar que la atención interdisciplinaria permitió acompañar a Luciana desde los momentos de mayor gravedad hasta esta nueva etapa de recuperación.
El cuidado que también abraza
En la sala 7, el acompañamiento cotidiano tuvo un papel fundamental. La licenciada Marta Elena Íñigo, jefa de Enfermería del servicio, recordó que Luciana llegó a esa unidad luego de superar la etapa más crítica de su internación. “Llegó muy grave a nuestro hospital, estuvo en terapia intensiva, muy delicada, crítica, y llegó a nuestro servicio ya más estable. Nosotros hemos continuado con el cuidado humanizado que tienen nuestros enfermeros, especializados para atender a nuestros pacientitos, a nuestros niños”, relató.
Íñigo describió el trabajo diario que demandó la atención de la pequeña, desde la higiene oftalmológica rutinaria hasta el cuidado de las sondas y los dispositivos necesarios durante la internación. Las intervenciones se realizaron de acuerdo con las indicaciones médicas, procurando prevenir infecciones y otras complicaciones.
A medida que Luciana mejoraba, el equipo fue retirando progresivamente los dispositivos y adaptando los cuidados a sus nuevas necesidades. La jefa de Enfermería también destacó que la niña contó con la medicación y los insumos requeridos para su tratamiento.
Sin embargo, para la profesional, el acompañamiento no se limitó a los procedimientos médicos. El afecto, la cercanía y la contención de quienes cuidaron de Luciana también formaron parte de ese proceso. “Todo el equipo, el hospital, el Ministerio, el doctor Medina Ruiz, que viene siempre a acompañarnos, él siempre nos está acompañando, y nuestra directora, que recorre nuestro hospital todos los días, son un gran acompañamiento”, expresó. Además, señaló que las familias valoran especialmente esa presencia durante los momentos difíciles.
La emoción se hizo evidente al recordar los avances de la niña. “Ayer la veía caminar por acá y no lo podía creer. Es una niña muy activa, así que se nota que se va bien a su casa”, contó, con la satisfacción de quien fue testigo de una evolución que al comienzo parecía incierta.
Para Rosa Soria, la abuela de Luciana, el alta representa mucho más que el final de una internación. Es la posibilidad de llevar nuevamente a su nieta a casa después de días marcados por el miedo, la incertidumbre y la esperanza. “En los primeros días, no. Fue imposible porque ella estaba muy mal”, recordó al ser consultada sobre si imaginaba que llegaría este momento.
Con la voz atravesada por la emoción, expresó su agradecimiento a quienes intervinieron en la recuperación de la pequeña: “Gracias a los médicos, a todo, al Ministerio, de lo que pudieron salvarle la vida a mi bebé. Estoy re agradecida”.
Ahora, el desafío continúa en el hogar, con los controles médicos, la rehabilitación y los cuidados indicados por los profesionales. Rosa aseguró que seguirá las recomendaciones al pie de la letra y acompañará a Luciana en cada paso de su recuperación. “Muy buena atención tuvo mi bebé”, afirmó, agradecida por la asistencia recibida durante toda la internación.
Una historia que deja esperanza
El alta de Luciana es el resultado de una cadena de cuidados en la que cada intervención fue importante: la respuesta inicial de los pediatras, la cirugía realizada por los especialistas, la atención en terapia intensiva, el seguimiento clínico, los cuidados de Enfermería y el acompañamiento de su familia.
Aunque todavía deberá continuar con controles y rehabilitación, su regreso a casa marca un momento significativo después de una experiencia que puso en riesgo su vida.
La historia también permite reconocer el trabajo silencioso y comprometido de los equipos del Hospital del Niño Jesús, que sostienen su tarea incluso en circunstancias excepcionales, como ocurrió aquel feriado de septiembre.
Desde el Ministerio de Salud Pública se destaca el valor de una atención humanizada, interdisciplinaria y accesible, en la que la calidad profesional se combina con la cercanía hacia cada paciente y su entorno familiar.
Hoy, Luciana vuelve a casa acompañada por su abuela y por la esperanza de seguir recuperándose. Y en los pasillos del hospital queda la emoción de quienes compartieron su camino, con la certeza de que detrás de cada alta médica hay mucho más que un tratamiento exitoso: hay personas, vocación, compromiso y un equipo que no dejó de trabajar para que una niña tuviera una nueva oportunidad.