La nueva escalada del precio internacional del petróleo volvió a encender las alarmas en el mercado de combustibles. El barril de Brent superó los u$s114 este viernes, impulsado por el agravamiento del conflicto en Medio Oriente, y aumentó la presión sobre los valores de las naftas y el gasoil. En el sector estiman que los precios en los surtidores acumulan un atraso real cercano al 9% respecto de los niveles que permitirían reflejar los mayores costos.
Las principales petroleras privadas siguen de cerca la evolución del mercado internacional y esperan una nueva señal de YPF, que concentra más de la mitad de las ventas de combustibles del país. Sin embargo, el presidente y CEO de la compañía, Horacio Marín, ratificó su decisión de sostener el esquema de amortiguación de precios, conocido como buffer, para evitar trasladar inmediatamente toda la suba del crudo a los consumidores.
La tensión llega después de los aumentos aplicados en septiembre. Mientras las empresas privadas ajustaron los precios de las naftas alrededor del 2,5% y los del gasoil hasta un 5%, YPF dispuso un incremento promedio del 1% en ambos segmentos. La diferencia entre esos movimientos y el encarecimiento del petróleo volvió a ampliar la presión sobre los márgenes de comercialización.
En la industria consideran que, si las cotizaciones internacionales se mantienen elevadas, será necesario avanzar con nuevas actualizaciones. La expectativa, de todos modos, es que los incrementos se apliquen gradualmente, sin trasladar de una sola vez la totalidad de la diferencia.
El Brent superó los u$s114 por el conflicto en Medio Oriente
Los precios internacionales del petróleo registraron una nueva jornada de fuertes subas ante los temores por posibles interrupciones del abastecimiento energético mundial.
El Brent, referencia para buena parte del comercio internacional de petróleo y para las exportaciones argentinas, cerró el jueves 22 de octubre en u$s113,17 por barril, tras una suba cercana al 4%.
Durante la jornada del viernes volvió a avanzar y superó los u$s114, con operaciones que llegaron a ubicarse por encima de los u$s115. Se trata de los valores más elevados desde comienzos de mayo.
El petróleo estadounidense West Texas Intermediate (WTI), por su parte, también registró aumentos y superó los u$s100 por barril.
La principal preocupación del mercado está vinculada con la escalada bélica en Medio Oriente, especialmente con los ataques de los hutíes contra objetivos en Arabia Saudita y los riesgos sobre las instalaciones petroleras y las rutas de transporte marítimo.
La posibilidad de que se vean afectadas infraestructuras estratégicas o se produzcan nuevas restricciones a los envíos de crudo genera incertidumbre sobre la disponibilidad de petróleo y sus derivados.
En este escenario, los movimientos internacionales se trasladan a las cotizaciones de la materia prima utilizada para producir combustibles, lo que incrementa la presión sobre las refinadoras y los comercializadores.
Las naftas y el gasoil acumulan un atraso estimado del 9%
Según estimaciones del sector, los combustibles acumulan un atraso real de aproximadamente el 9%, aunque el porcentaje no implica que todas las empresas deban aplicar automáticamente una suba de esa magnitud.
La brecha depende de factores como el tipo de combustible, los costos de refinación, el tipo de cambio, los impuestos y la estrategia comercial de cada petrolera.
El problema es particularmente relevante para las compañías que necesitan adquirir crudo a precios internacionales para abastecer sus refinerías.
Cuando el petróleo aumenta, sus costos de producción también se incrementan. Si esa variación no se traslada a los surtidores, se reducen los márgenes de rentabilidad.
Por eso, las empresas privadas analizan nuevas actualizaciones mientras observan el comportamiento de YPF, cuyo peso comercial condiciona las decisiones del resto del mercado.
La petrolera de mayoría estatal concentra aproximadamente el 56% del mercado minorista de naftas y una participación cercana al 58% en gasoil, según las referencias sectoriales difundidas en septiembre.
Su política de precios constituye, por lo tanto, una referencia fundamental para el resto de las estaciones de servicio.
YPF mantiene el buffer y busca evitar aumentos bruscos
Frente a este escenario, YPF sostiene su mecanismo de amortiguación de precios, implementado para evitar que la volatilidad internacional del petróleo se traduzca inmediatamente en fuertes variaciones en los surtidores.
El sistema funciona mediante una compensación entre períodos de aumentos y bajas del crudo.
Cuando los precios internacionales suben considerablemente, la compañía absorbe temporalmente parte del incremento de costos y posterga su traslado a los consumidores.
En cambio, cuando el valor del petróleo retrocede, los precios locales no necesariamente acompañan esa disminución de manera inmediata, ya que la petrolera busca recuperar los ingresos que resignó durante los períodos de cotizaciones elevadas.
Marín volvió a explicar esta política en declaraciones recientes y advirtió que una eventual caída del precio internacional no implicaría automáticamente una reducción de las naftas y el gasoil.
El ejecutivo sostuvo que trasladar de manera completa el encarecimiento del petróleo a los surtidores podría afectar el consumo, en un contexto en el que los combustibles representan un gasto importante para hogares y empresas.
También señaló que la compañía necesita compensar los aumentos que no aplicó durante los meses anteriores.
De esa forma, YPF intenta distribuir el impacto de la volatilidad internacional durante un período más prolongado, en lugar de concentrarlo en ajustes abruptos.
La estrategia, sin embargo, enfrenta un desafío: cuanto más tiempo permanezca elevado el precio internacional del petróleo, mayor será la presión para reducir la diferencia con los valores locales.

