En el sector agropecuario la sorpresa fue muy grande. La noticia no cayó muy bien y se escucharon las críticas de dirigentes y productores. El Gobierno anunció la intervención y la expropiación de Vicentin, una de las empresas con mayor presencia en la exportación agroindustrial y en otras actividades productivas, como la ganadería, la industria frigorífica, y la vitivinicultura, por mencionar algunas. Ahora el campo mira a otra empresa tradicional que también pasa por problemas. Y la pregunta se impone: ¿será la Cooperativa Láctea Sancor la próxima expropiada por el Gobierno? En principio, desde la administración de Alberto Fernández ya se refirieron a al tema con una frase y habla de que "hay una luz al final del túnel”.
Expropiación
Vicentin es una firma casi centenaria, con sede en la localidad santafesina de Avellaneda, y que hoy acapara la atención de toda una sociedad. Comenzó como un almacén familiar de ramos generales, pero con el tiempo se transformó en la principal empresa exportadora de harinas y aceite de bandera nacional.
Un ambicioso plan de expansión, un endeudamiento excesivo y la volatilidad cambiaria del escenario local la dejaron en una situación vulnerable, con un pasivo estimado en USD 1.350 millones y una convocatoria de acreedores que se tramita en los tribunales de Reconquista, y con el Estado como principal acreedor por un crédito que la empresa solicitó ante el Banco de la Nación Argentina. Una operación que es investigada por la Justicia.
La situación de Vicentin se complicó en septiembre del año pasado, cuando desistió de seguir adelante con un proyecto inmobiliario, y con otro complejo habitacional “premiun” de 80 departamentos ubicado en Avellaneda. En ese momento, la Argentina había ingresado en una tumultuosa época política y financiera. La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández se había impuesto en las PASO y los mercados reaccionaban de la peor manera, con una devaluación más que significativa, y sobre todo con mucha incertidumbre.
A partir de eso, muchos productores, acopios y cooperativas (incluida la tradicional Unión Agrícola de Avellaneda, que quedó comprometida) se apuraron a venderles granos a Vicentin, ante la perspectiva de que si finalmente ganaban los Fernández iban a subir las retenciones, y la soja, el trigo y el maíz iban a pasar a valer unos cuantos pesos menos.
Vicentin, que había terminado el 2018 como sexta exportadora de granos y subproductos de la Argentina, con un volumen superior a los 6 millones de toneladas, no se achicó: a todo el que le ofrecía soja le decía que sí, en las condiciones que fuera, con precios a fijar o a valores ya facturados. ¿Total, qué podía salirle mal? Si todo a lo largo de su historia había sido una sucesión de éxitos. Pero la situación se complicó y se profundizó una deuda que fue imposible afrontar.
El caso Sancor
Pero en la provincia de Santa Fe, Vicentin no es la única empresa agropecuaria que atraviesa un difícil momento económico y financiero. Y partir del anuncio del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en el mundo lácteo más de un tambero se preguntó: ¿y si Sancor sigue los pasos de Vicentin?

