El partido cambió por completo en el segundo tiempo. Scaloni leyó lo que necesitaba el encuentro y acertó con los cambios. El ingreso de Lautaro Martínez le dio presencia en el área, mientras que el equipo mantuvo la calma pese al 0-2. No hubo desesperación: hubo paciencia, personalidad y convicción.
Messi encontró su lugar recostándose sobre la derecha. Desde allí nació el centro para el descuento del Cuti Romero y luego llegó su golazo de zurda al ángulo para empatar. Lautaro fue determinante con su movilidad y su asistencia para que Enzo Fernández sellara el 3-2 definitivo y el pase a cuartos de final.
La remontada dejó una imagen muy fuerte: cuando Messi todavía no lograba influir, apareció el equipo para sostenerlo. Después, el capitán respondió como tantas veces. Esa comunión entre el grupo y su líder fue una de las grandes fortalezas del partido.
Más allá de la clasificación, Argentina también se lleva tareas para la casa. El retroceso defensivo, la cobertura de las contras y la marca en los centros fueron puntos débiles que ante un rival de mayor jerarquía pueden costar muy caro.
La Selección Argentina festeja un triunfo enorme por el carácter y la madurez que mostró para levantar un partido que parecía perdido. Está en cuartos de final, sigue soñando, pero también sabe que deberá corregir errores si quiere seguir avanzando.