El informe oficial también evidenció un deterioro en la dinámica mensual: en los autoservicios mayoristas las ventas retrocedieron 0,7% respecto de enero, mientras que en supermercados apenas se observó un leve repunte del 0,3%, insuficiente para revertir la tendencia.
A pesar de la contracción en términos reales, la facturación nominal mostró subas impulsadas por la inflación. Los supermercados alcanzaron ingresos por $2,2 billones, lo que representa un incremento del 23,5% interanual. En paralelo, el ticket promedio se ubicó en $35.058, con una suba del 27,9% respecto al año anterior.
El análisis por rubros deja en evidencia el impacto de los precios en el consumo. Las mayores subas interanuales se registraron en “Carnes” (46,9%), “Verdulería y frutería” (37%), “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” (29%) y “Alimentos preparados y rotisería” (28,4%). Estos incrementos, lejos de dinamizar las ventas, reflejan la presión inflacionaria sobre productos esenciales.
En cuanto a los medios de pago, el uso de tarjetas de crédito se consolidó como el principal canal, concentrando el 43,6% de las operaciones. Le siguieron las tarjetas de débito, con el 25%, y el efectivo, que representó el 16,8% del total. Las billeteras virtuales y pagos electrónicos —uno de los segmentos más dinámicos— alcanzaron el 14,6% de las ventas, con un crecimiento interanual del 54,9%.
El escenario combina así una paradoja recurrente en la economía argentina: mayor facturación nominal, pero menor volumen de consumo. En ese marco, los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica ya habían anticipado una desaceleración general en febrero, en línea con la retracción observada en el gasto de los hogares.