El platense, de 25 años, parecía mantener (y hasta potenciar) la templanza de los partidos que antecedieron a esta semifinal. También su buena derecha, su mente centrada y su posicionamiento en la cancha. Acaso, casi todo lo que lo diferenció del italiano, número 35 del mundo, en el primer set. Ya se habían encontrado este año, con la victoria para el argentino en la primera ronda del Australian Open, por lo que las pautas estaban claras para ambos.
Etcheverry era consciente de que debía sostener el levantamiento de nivel que había logrado una vez que arribó al norte de Alemania: después de quince certámenes frustrantes, de los cuales en tan solo uno (Santiago de Chile) pudo imponerse en dos cotejos, de repente consiguió tres éxitos consecutivos. Pasaron los argentinos Francisco Comesaña y Camilo Ugo Carabelli y el checo Jiri Lehecka, pero no pudo con el nacido en Florencia.
Primeramente, lo hizo entrar en desesperación. Cobolli ingresó al Court Central con la clara idea de variar la estrategia, aunque con una búsqueda en común: no sufrir los derechazos del gigante de 196 centímetros y, por lo tanto, llevarlo de un costado a otro de la cancha, además de lastimar con su propio latigazo, intentando que la bola picara pronto en el terreno de Etcheverry para que el esfuerzo por llegar fuera mayor. Hubo una igualdad inicial que duró apenas cuatro games, aunque no sería decisiva.
Es que esa búsqueda de Cobolli de jugar puntos cortos, ya fuere a través de un derechazo potente o exigiendo el costoso despliegue del argentino, hizo que su juego cayera en el apresuramiento, los errores no forzados y la consecuente expresión de perdición ante su entrenador. En cambio, Tomás se fue haciendo más grande, pisó con mayor fuerza el polvo de ladrillo (los mayores éxitos los consiguió en esa pista) y frustró más al de enfrente, que hasta acudió a varios drop shots para intentar aventajar de alguna manera. “Etche” cruzaba la red y ya generaba ansiedad en el otro campo.
Quebró el tercer saque del italiano y el primer set terminó resolviéndolo fácil con un 6-2 que expuso su seguridad y la desazón acumulada de su rival, que concluyó esa primera etapa del partido con una doble falta (cometió tres y Etcheverry, ninguna) que fue grosera por su anchura.
Incluso, el segundo set parecía que se desarrollaría de la misma manera, ya que otra vez había logrado quedarse con el tercer saque de Cobelli, aunque esta vez sacando una distancia inicial más amplia (3-1). Sin embargo, casi inesperadamente, su adversario se despertó y logró el quiebre inmediato,emparejando una semifinal en la que pasaron a respetarse el servicio hasta el 5-4.
Porque el italiano se reencontró y el argentino empezó a errar bastante más: el rival mantuvo los 18 errores no forzados y los 13 winners, pero en el primer aspecto Tomás contabilizó 17 (11 más que en el primero) y bajó la efectividad de tiros ganadores (de nueve a seis). Además, comenzó a absorber el fastidio que tenía anteriormente Cobolli, abriendo los brazos y lanzando gritos con la mirada fija en su entrenador, Horacio de la Peña. Sufrió un nuevo quiebre, el más inoportuno: el italiano hilvanó tres games seguidos y se adueñó del segundo juego por 7-5: fue el primer set cedido por Etcheverry en la competición.
La derecha del italiano empezó a dañar más cuando el tercer y último set ya tenía sus primeros juegos: duplicaba (y superaba) los números que ostentaba “Tomy” con tiros ganadores mediante su mano hábil. Las piernas de los dos respondían por igual, aunque la motivación que ganó el de 22 años cambió su imagen: se lo empezó a notar casi irrompible en medio de un trámite que se plantó en la paridad. Aunque los derechazos italianos eran más letales.
Lamentablemente para el argentino, los ánimos se habían modificado notoriamente (más allá de aparentar la misma mentalidad) y Cobolli terminó siendo una máquina difícil de frenar. Porque, nuevamente, esa igualdad constante se rompería cuando menos margen había, prácticamente de la misma forma: desde el 4-3, el joven ganó los últimos tres games, quebrándole el quinto servicio, y se llevó un triunfo que dejó frustrado a Etcheverry.
Se va nuevamente con las manos vacías, sin poder acceder a la final de un torneo que parecía hacerle un guiño a su juego. Sin embargo, cuando todo parecía estar en sus manos, se terminó escurriendo. Se viene Roland Garros y debe cambiar el chip rápido: el domingo enfrenta nada menos que al 20° del mundo, el griego Stefanos Tsitsipas.