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"San Miguel de Tucumán es una ciudad muy ruidosa"

La física Ana Clelia Gómez Mariglian advirtió en LV12 que el impacto de los ruidos en la calle es cada vez más fuerte en la calidad de vida de los tucumanos

Caos en las calles, cientos de motos, autos y hasta camiones circulando a toda hora con caños de escape libres, abiertos, modificados o alterados, obras en construcción, gritos y más forman parte del paisaje cotidiano tucumano. Ese ruido constante, que muchos ya naturalizaron, es mucho más que una molestia: constituye un factor de riesgo para la salud general y un problema ambiental que crece sin freno.

En diálogo con LV12, la física Ana Clelia Gómez Mariglian advirtió que el impacto de la contaminación sonora en la calidad de vida es profundo y subestimado. “El tema de acústica es bastante poco estudiado, es un contaminante silencioso figurativamente, que produce daños tremendos en la salud de las personas, con daños directos e indirectos”, señaló.

Para Gómez Mariglian, la clave está en la prevención y el compromiso social: “Lo más importante es tomar conciencia y hacer algo al respecto, y esto hemos decidido hacer desde nuestro lugar en la Universidad, tratar de mejorar la calidad de vida de la población”. La investigadora destacó que, a diferencia de otras formas de contaminación que se ven, el ruido se “sufre” sin que muchas veces se lo identifique como un agente dañino.

En su explicación, la física marcó diferencias entre zonas arboladas y el casco urbano: “En las zonas suburbanas tenemos grandes arboladas que hacen de amortiguación, pero en la ciudad tiene mucho concreto y el sonido se refleje, interaccione con el sonido emitido y el resultado sea que nosotros tengamos una situación caótica porque aumenta los niveles de un modo tremendo, que es un poco lo que ocurre cuando uno usa auriculares fuertes. Estas situaciones son muy usuales y la gente no toma conciencia de la gravedad que tiene”.

A ese escenario se suma la multiplicidad de fuentes que elevan aún más los niveles de ruido ambiente. “En la ciudad tenemos muchas situaciones que agravan más aún la contaminación; cada vez aumentan los niveles de un modo tremendo, por ejemplo un bocinazo, la frenada de los colectivos, una obra en construcción, el ruido de los motores, hasta los gritos, la música fuerte”, detalló. Cada uno de esos elementos, aunque parezca menor de forma individual, conforma un ambiente sonoro saturado que afecta a miles de vecinos.

Según precisó, San Miguel de Tucumán es una ciudad muy ruidosa y el problema no se reduce a determinados momentos del día. “Prácticamente la franja horaria es muy extensa. Para que uno esté tranquilo tendría que estar en un lugar entre 30 y 60 decibeles; después de los 60 a 90 decibeles es considerado malo y se ve esos niveles hasta altas horas de la noche, son situaciones que se repiten, no es que es esporádica”.

La contaminación acústica ya es considerada uno de los contaminantes ambientales más nocivos en grandes ciudades del mundo, y Tucumán no está exenta. Muchas actividades siguen marcando el pulso sonoro de las calles y crece la necesidad de políticas públicas de control, campañas de concientización y un compromiso colectivo para devolverle a la ciudad un nivel de ruido compatible con la salud.

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