Un bombardeo de Rusia, causó este domingo al menos 34 muertos, incluidos dos niños, y dejó 117 heridos en el centro de Sumi, ciudad del noreste de Ucrania, en un ataque que provocó fuertes condenas de EE.UU. y Europa.
“Un día en que la gente va a la iglesia: Domingo de Ramos (...). Sólo los malnacidos pueden hacer esto”, reaccionó el presidente Volodimir Zelenski, en un mensaje publicado en Telegram. Una clínica médica, una gasolinera y una empresa fueron alcanzadas por las bombas.
Los analistas militares sugieren que los continuos ataques con drones y misiles reflejan el esfuerzo de Rusia por degradar la moral ucraniana y la resistencia de la población civil, ya que la guerra, que se encuentra en su tercer año, no muestra signos de resolución. La táctica también pretende reducir los recursos de defensa aérea de Ucrania en el vasto territorio que requiere protección.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se mostró “profundamente alarmado y conmocionado” por el ataque.
El primer ministro británico, Keir Starmer, escribió en X que este ataque es “un recordatorio brutal del continuo baño de sangre perpetrado por Putin”.
El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió “medidas fuertes” para imponer una tregua a Moscú, mientras que el líder conservador alemán, Friedrich Merz, sostuvo que fue “un acto pérfido (...) y un crimen de guerra grave”.

