A fuerza de una demanda externa que crece sostenidamente, y con mercados muy tentadores en otras partes del mundo, el vino sin alcohol empieza a sonar cada vez más en la Argentina.
Por estos días el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) testea y analiza su aprobación, la misma que ya existe en España, y que en Sudamérica también se encuentra en etapa de ensayos, como en Chile.
En este marco LV12 se contactó con Gustavo Egea de las Bodegas y Viñedos Renacer, para dialogar sobre la implementación de esta tendencia global en nuestro país.
"Este año ha sido un poco difícil, la caída ha sido bastante grande, sumado a eso la producción de la vid estuvo bastante achacada por las contingencias climáticas, hubo granizo y un par de heladas que fueron bastante perjudiciales, incluso en un momento parecía que había sido grande, después vimos que no, y al momento de la vendimia terminamos con rendimientos menores al 50%. Entonces, sumado al problema de la falta de venta por la caída de las exportaciones, la materia prima aumentó por la escasez y el panorama se puso difícil", explicó Egea.
"Es una caída que viene sostenida a nivel mundial, creo que en su momento también estuvo cuando la pandemia llego y la gran parte de la Argentina traccionó bastante el mercado interno porque el vino en algún momento se tenía como la bebida que se tomaba cuando uno estaba tranquilo en su casa a la noche y comenzaron a ingerir más vino en la comida al medio día y a la tarde. Entonces, fue un poco el que ayudo a sostener el consumo", agregó.
Vinos “desalcoholizados”: ¿Más saludable pero sin perder su sabor?
La salud se ha convertido en una prioridad para la sociedad actual, y por ese motivo en los últimos años, hemos sido testigos de una creciente popularidad en el consumo de bebidas alcohólicas sin contenido de alcohol. El vino sin alcohol, también conocido como vino desalcoholizado o sin alcohol añadido, es una de las bebidas que se ha sumado a esta tendencia.
"Es traccionado por algunas religiones, después sabemos que mundialmente la gente se cuida más, cuida su salud, vivimos en un mundo mucho más estresado y necesitamos de alguna manera hacer un cambio para poder mejorar nuestro estilo de vida y una de esas es la moda del consumo de vino sin alcohol o bajo en alcohol y nosotros lo hemos visto en algunos países. Es muy normal encontrar a una persona en Italia tomando un vino a las 5 0 6 de tarde, porque están tomando un vino con una graduación alcohólica de cuatro grados, entonces, no es una bebida tan pesada, es algo más refrescante", afirmó.
Pero el contraste viene por el lado del cambio que se generaría en el producto: el temor pasa porque el proceso de desalcoholización desnaturalice a una de las bebidas más consumidas en el mundo.
A pesar de contar con todas las herramientas necesarias para encarar este proceso de cambio, Egea insistió en la necesidad de contar con una legislación que los acompañe: "la Argentina recién está comenzando con esto, obviamente siempre necesitas de la legislación pertinente para que te apoye para poder trabajar porque muchas veces uno hace una prueba en un laboratorio y es sencillo y no pasa nada, pero ya llevarlo a un volumen más grande es difícil porque si la legislación no te acompaña, es como que estás haciendo algo que no está permitido dentro de una bodega. Creo que tenemos capacidad, tenemos la mano de obra, tenemos materia prima y se puede trabajar en otras alternativas para apalear esta situación de las caídas de exportaciones en el vino. Tiene que tener cinco de graduación alcohólica, tendría que haber alguna legislación que te permita trabajar con esto".
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