Se recomienda entrenar previamente para recorrer largas distancias y asegurar una buena condición física. Asimismo, es esencial contar con equipo adecuado: calzado cómodo y resistente, y ropa apropiada para las variaciones climáticas. Durante la noche, se sugiere usar ropa refractaria para mejorar la visibilidad y prevenir accidentes. La ropa diurna debe ser liviana y de colores claros para protegerse del sol.
La hidratación y la nutrición son clave: se debe llevar suficiente agua y alimentos energéticos, y consumirlos a lo largo del recorrido, incluso si no se siente sed. Es importante evitar bebidas alcohólicas o muy azucaradas, que favorecen la deshidratación.
Los peregrinos deben caminar con precaución, especialmente en rutas compartidas con vehículos. Se recomienda caminar preferentemente por el lado izquierdo, mantener las pertenencias seguras y respetar las indicaciones del personal de organización y de los servicios de emergencia.
Cada participante debe estar atento a su estado de salud y al de quienes lo acompañan, especialmente adultos mayores, niños o personas con enfermedades crónicas. Ante signos de fatiga, mareos, dolor o malestar, se debe buscar sombra y descansar, y localizar los puestos de asistencia sanitaria disponibles en el recorrido.
Siguiendo estas recomendaciones, la peregrinación puede desarrollarse de manera segura, permitiendo a los fieles vivir su manifestación de fe con tranquilidad y bienestar.
FUENTE: MSPT