Creado por ley en 2005, el Fondo establecía una inversión mínima equivalente al 0,2% de los ingresos corrientes del Presupuesto nacional. Su desaparición afecta de manera directa a más de 3.800 instituciones de educación técnica, superior no universitaria y formación profesional, a las que asisten más de 1,4 millones de estudiantes en todo el país. De ese total, más de 770 mil cursan en escuelas técnicas secundarias, según datos oficiales de 2024.
El impacto del ajuste se sentirá, principalmente, en la vida cotidiana de las escuelas. Desde la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET) advirtieron que, aun antes de su eliminación, la ejecución del Fondo venía en caída sostenida: representó el 50,5% de lo previsto por ley en 2023, bajó al 9,4% en 2024 y alcanzó apenas el 10,8% en 2025. La falta de recursos compromete la compra de herramientas, materiales de trabajo, reactivos, insumos químicos y la renovación de maquinaria indispensable para la formación en oficios.
“Ese Fondo nos permitía sostener la enseñanza práctica. En talleres como carpintería o tornería, las herramientas se desgastan en semanas y se necesitan en cantidad. Sin financiamiento, es imposible reponerlas”, explicó María Eugenia Gil, directora de una escuela de formación profesional. La docente advirtió que la situación tendrá consecuencias inmediatas y profundas en la calidad educativa.
Especialistas y referentes del sector coinciden en que el recorte no es menor. Carlos Rojas, exdirector de una escuela técnica y dirigente gremial, señaló que la eliminación del Fondo impacta de lleno en las instituciones y trasladará la carga financiera a las provincias. Además, recordó que junto con este ajuste también fue derogada la obligación de invertir el 6% del PBI en educación, lo que deja a las escuelas sin una herramienta legal para exigir recursos.
Más allá de los números, la educación técnica ha demostrado ser una vía concreta de inserción laboral. Un seguimiento realizado por el Instituto Nacional de Educación Tecnológica reveló que, a ocho años de egresar, un tercio de los graduados técnicos trabaja y estudia al mismo tiempo, una proporción superior a la de los egresados del secundario común. Además, el 93,5% logra completar el título técnico, partiendo de condiciones iniciales más complejas.
Historias como la de Baltazar, que logró mejorar su situación laboral tras formarse como gasista matriculado en un centro de formación profesional, reflejan el alcance social de este sistema. Gracias a la capacitación nocturna, pudo acceder a mejores oportunidades de trabajo y hoy presta servicios en decenas de edificios, un recorrido que se replica en miles de estudiantes en todo el país.
Los resultados académicos también respaldan la importancia del sector. Informes de Argentinos por la Educación muestran que los alumnos de escuelas técnicas obtienen mejores desempeños en las pruebas Aprender, tanto en Matemática como en Lengua, en comparación con la secundaria común. Para docentes y especialistas, el recorte del Fondo no solo compromete esos logros, sino que amenaza con retroceder décadas en la formación de oficios, la industria y el empleo calificado.