En Argentina, de acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), 8.078 bebés, el 1,1 % del total de recién nacidos, nacen antes de término con un peso menor a 1500 gramos[1]. La mayoría de estos niños requerirá de largos períodos de recuperación y plazos de seguimiento extensos que incluyen cuidados especializados, controles y atención de todas sus necesidades, entre ellas las nutricionales, algo que resulta clave durante los primeros años de vida para garantizar un adecuado neurodesarrollo.
Del 12 al 17 de noviembre por iniciativa de UNICEF, a la que adhieren las sociedades científicas más importantes del mundo, se conmemora la Semana Internacional del Prematuro y, específicamente, el miércoles 17 de noviembre el Día Internacional del Prematuro.
Este año se promueve hacer especial hincapié en el primero de los derechos incluidos en el Decálogo del Prematuro, que es el derecho a la prevención de la prematurez, lo cual incluye una serie de medidas como favorecer los controles prenatales, detectar en forma temprana enfermedades de la mamá que puedan predisponer un nacimiento prematuro y contar con centros capacitados y personal entrenado para atender estos cuadros de alto riesgo. También, la derivación a los centros de referencia que cuenten con unidades de alto riesgo cuando fuese necesario.
“Los niños prematuros son aquellos que nacen antes de las 37 semanas de gestación y que, por esto, no pudieron completar su desarrollo en el útero materno, lo que los convierte en niños vulnerables en comparación con otros que nacen a término. Particularmente, aquellos que nacen con 32 o menos semanas de gestación o con un peso inferior a los 1.500 gramos, son considerados ‘prematuros de alto riesgo’ y generalmente presentan inmadurez no solo en sus pulmones sino en todos los órganos, representando un verdadero desafío para el sistema por la salud y para el futuro de ese niño”, sostuvo la Dra. Cristina Osio, neonatóloga pediatra, jefa de Neonatología del Sanatorio Otamendi.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año nacen unos 15 millones de niños prematuros en el mundo y en 2015 las complicaciones relacionadas con la prematuridad, que son la principal causa de fallecimientos en los menores de 5 años, causaron aproximadamente un millón de muertes a nivel global. Según la OMS, tres cuartas partes de esos decesos podrían prevenirse con intervenciones costo-efectivas tales como aportar al recién nacido calor suficiente, proporcionar apoyo a la lactancia materna y brindar atención básica para combatir infecciones y problemas respiratorios[2].
Hoy se sabe que los primeros 1000 días, que van desde la gestación hasta los dos años de vida, son vitales para que el bebé alcance su máximo potencial de desarrollo y salud en el futuro. En el caso de los prematuros, deben implementarse medidas específicas para asegurar que en esa etapa reciban todos los cuidados necesarios y, en este sentido, es fundamental atender las necesidades nutricionales de estos niños que suelen presentar diversos grados de desnutrición al momento del alta, al igual que una óptima estimulación motriz y cognitiva

