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¿Qué hacer frente al peligro de una epidemia mundial?

Es necesario implementar programas de educación e información respecto a la alimentación saludable, promover la actividad física e incorporar en la atención primaria equipos de educadores calificados.

La diabetes – caracterizada por el aumento anormal de glucosa en sangre- estrictamente no es una sola enfermedad. La denominada “tipo 2” es la forma más frecuente en la población (10 a 1 respecto a la Tipo 1) y está fuertemente relacionada con hábitos de vida no saludables, además de factores genéticos y hereditarios. Este tipo de diabetes está tomando dimensiones de una epidemia mundial en los últimos años y está creciendo exponencialmente.

La cantidad de personas adultas afectadas aumentó de 108 a 422 millones en todo el mundo de 1980 a 2014 y se estima que llegará a 592 millones en el lapso de 15 años. Según la última encuesta de factores de riesgo, en nuestro país el porcentaje de personas con alteración de la glucosa aumentó de 8.4% a 12.7% en sólo 13 años, cifras que concuerdan con el mayor incremento en los países de ingresos medianos y bajos, según la Organización Mundial de la Salud.

El problema sanitario radica en que no existe, en el horizonte científico cercano, un tratamiento para su curación y en que el inicio de la enfermedad es silencioso, ya que en general no produce síntomas a menudo durante años. Ese tiempo es crucial para poder actuar y evitar o dilatar la aparición de sus complicaciones. De hecho, 1 de cada 2 adultos con diabetes tipo 2 no sabe que la padece y toda esta población perderá la oportunidad de mejorar su pronóstico y la calidad de vida que hubiese alcanzado con una intervención médica oportuna.

¿Qué causas están detrás de esta epidemia?

Sin duda, el crecimiento de la obesidad y la falta de actividad física se evidencian como las más sobresalientes: a nivel nacional, la mencionada encuesta dice que en la Argentina hay un 61.6% de personas con exceso de peso, frente al 49% que teníamos en el año 2005 y la inactividad física tuvo un aumento similar. Sin lugar a dudas, la salud pública se ve amenazada por la alarmante proyección de una enfermedad que se ha logrado frenar en forma efectiva.

La cantidad de personas adultas afectadas aumentó de 108 a 422 millones en todo el mundo de 1980 a 2014 y se estima que llegará a 592 millones en el lapso de 15 años.

Recientemente la medicina ha logrado un gran avance en el desarrollo de medicamentos para el control de la diabetes y de los problemas que acarrea. Estos fármacos han demostrado ser efectivos para disminuir las complicaciones que se producen por el exceso de la glucosa en sí – insuficiencia renal, afección de las piernas y de la visión entre otros- y otros que afectan los vasos sanguíneos del cerebro y del corazón, con intervención de otros factores de riesgo, como la hipertensión arterial y el colesterol elevado. Pero es innegable que si un individuo no sabe que tiene la enfermedad o lo sabe pero no se controla y trata adecuadamente, los avances de la ciencia no le van a servir de nada.

Está claro que más allá de los conocimientos y las herramientas con que cuenta la ciencia, la diabetes nos plantea un desafío como sociedad que consiste en pensar qué podemos hacer para prevenirla y cómo concientizar a la población con diabetes de la importancia de lograr un control temprano de una afección que puede no dar síntomas de alarma que motiven a realizar una serie de cambios de hábitos y cumplir con medicamentos prescriptos que puede implicar esfuerzos económicos.

Es necesario implementar programas de educación e información respecto a la alimentación saludable, promover la actividad física idealmente desde los primeros años e incorporar en la atención primaria equipos de educadores calificados, lo cual implicaría un infinito ahorro de recursos.

FUENTE: tn.com.ar

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