Sin embargo, el balotaje no es una práctica nueva. La primera vez que se implementó fue en Francia en 1848 y en Argentina se reglamentó en la reforma constitucional de 1994. El 19 de noviembre será la segunda oportunidad en la historia nacional en el que se dispute una segunda vuelta.
El primer balotaje argentino se dio entre Mauricio Macri y Daniel Scioli en 2015. Aquel año, ambas listas sacaron una diferencia de casi 3%: Macri el 34,15% y Scioli el 37,08% de los votos.
Como ninguna de las dos listas superaron el 40% de los votos, ni una diferencia igual o mayor al 10% necesario para ganar en primera vuelta, se tuvieron que encontrar mano a mano en un balotaje, el primero de la historia. Y ahí sí. Con diferencia simple, la fórmula Macri-Michetti ganó con el 51,34% a la lista del peronismo, integrada por Scioli-Zanini, que sumó 48,66%.
El antecedente argentino: Cámpora a la presidencia, Perón al poder
Sin embargo, antes hubo una situación muy particular. El balotaje como sistema estuvo disponible por primera vez en 1973, pero de una forma diferente. Por ese entonces, la dictadura militar presidida por Agustín Lanusse habilitó las elecciones libres.
En la elección presidencial, se establecía que el candidato que obtuviera la mayoría absoluta de los votos sería declarado ganador, mientras que, en caso contrario, se llevaría a cabo una segunda vuelta. Esto quiere decir que la suma de los votos de los dos primeros candidatos no alcanzara dos tercios del total calculado en 66,66%, cifra que les garantizaba avanzar a la segunda vuelta de manera exclusiva.
El sistema permitía que las dos fórmulas más respaldadas tuvieran la opción de cambiar al candidato a vicepresidente, incorporando en su lugar a cualquiera de los candidatos, ya sea a presidente o vicepresidente, de la tercera fuerza u otras coaliciones que hubieran obtenido más del 15%. Con estas reglas, técnicamente podría haberse llevado a cabo el primer balotaje de la historia porque a pesar de que Campora obtuvo el 49,56%, no obtuvo mayoría absoluta.