Armados con fusiles viejos y sin una organización centralizada, los Ponchos Rojos se convirtieron en un movimiento clave en la ola de protestas y bloqueos que paralizaron La Paz para exigir la caída del gobierno y la renuncia del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz.
A sus miembros se los identifica muy fácilmente por su vestimenta. Llevan un poncho tradicional aymara de un rojo característico y con un toque negro que recuerda a la semilla del árbol de huayruro que en la tradición andina se utiliza como símbolo de protección.
Conocidos como combativos y rebeldes, provienen de la región andina de Achacachi, en Omasuyos, departamento de La Paz. Se autoconvocan en las comunidades y a nivel sindical. Es una forma antigua de convocatoria comunal. Cuando la gente se moviliza, usa el poncho rojo. Antiguamente cada comunidad estaba asociada con otra cercana y se unían cuando encontraban un enemigo común.
En Achacachi, a unos 100 kilómetros de La Paz, hay una estatua de Túpac Katari, un líder aymara que en el siglo XVIII se rebeló contra los españoles. Tienen reputación de población rebelde y sus habitantes son orgullosos de ser rebeldes y conflictivos.
Los Ponchos Rojos no son una milicia de Evo Morales
Durante los 20 años de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS), la oposición conservadora calificó a los Ponchos Rojos como una milicia al mando de Evo Morales. Incluso sus miembros militaron a su favor en numerosas ocasiones ya sea en campañas o contra presiones opositoras.
Fueron simpatizantes, pero estructuralmente no son de Evo. En la tradición indígena "una vez que el dirigente pasa, es olvidado".

