Lo inquietante es que casi ninguno de los esqueletos conservaba el cráneo. Entre los al menos 78 individuos recuperados, únicamente uno conservaba la cabeza, un niño.
Durante años, hallazgos así se han leído como señales de violencia, guerra o colapso social, sin embargo, un nuevo estudio sugiere que la realidad es más compleja, y, en cierto modo, más enigmática. "Actualmente, las cabezas son arqueológicamente invisibles para nosotros", reconocen los investigadores en su estudio, lo que complica enormemente cualquier interpretación, ya sea violenta o ritual.
El yacimiento tiene unos 7.000 años de antigüedad y perteneció a la llamada cultura de la cerámica lineal (LBK), uno de los primeros grupos agrícolas de Europa Central. El asentamiento estuvo ocupado entre el 5250 y el 4950 a. C. y llegó a albergar más de 300 viviendas repartidas en tres barrios. Uno de esos sectores estaba delimitado por un sistema de zanjas que se extendía a lo largo de unos 1,3 kilómetros. Fue precisamente en ese espacio donde aparecieron los restos.
Una hipótesis plausible es que los cráneos fueran conservados o exhibidos en otro lugar, una práctica documentada en otros contextos neolíticos.
FUENTE: DW