En este marco, LV12 Radio Independencia se contactó con Fernando Novas, paleontólogo e investigador del CONICET que integró el grupo que realizó los hallazgos de los restos fósiles de este cocodrilo ancestral patagónico.
“Este cocodrilo comía dinosaurios: Es muy probable y yo no sé hasta dónde los paleontólogos somos exagerados, pero estamos tan contentos con este descubrimiento y cuando vos te ponés al lado del esqueleto de ese bicho decís menos mal que no está vivo”, comentó Novas.
“No era una bestia gigante, medía unos 4 metros de largo, pero su cabeza alcanzaba alrededor de 50 centímetros, era una cabeza muy robusta y poderosa. Además, estaba armado con dientes de 5 o 6 centímetros de altura, curvados, puntiagudos, con márgenes cortantes y que, al observarlos con lupa, revelan pequeñas serraciones similares a las de un cuchillo Tramontina. Esa característica le permitía ampliar su capacidad de corte: no solo atrapaba a la presa y la retenía con sus mandíbulas impulsadas por músculos muy fuertes, sino que también podía desgarrar con facilidad la piel, los músculos y hurgar entre las vísceras. En definitiva, era un cazador temible el que descubrimos”, detalló el especialista.
image
Descubren el Kostensuchus atrox, un cocodrilo feroz de 70 millones de años en la Patagonia. Foto: Diario Río Negro
Kostensuchus atrox significa “feroz o atroz cocodrilo del viento”. “Nosotros a este hallazgo lo hicimos al sur de El Calafate, en el extremo sur de la provincia de Santa Cruz, y lo encontramos en unas rocas que tienen una antigüedad de 70 millones de años. Estamos hablando del final de la era de los dinosaurios, y lo que ya conocíamos de ahí eran esqueletos de dinosaurios de gran tamaño, casi 25 metros de largo; es decir, bichos de cuello largo, cola larga, cuadrúpedos y herbívoros. También había otros dinosaurios que tendrían el tamaño de un guanaco o un caballo, que yo sospecho que eran las principales presas del Kostensuchus, y además teníamos dinosaurios depredadores, es decir, un carnívoro del grupo de los megaraptores” explicó Novas.
Y continuó: “Ahora bien, se suma el Kostensuchus, obviamente un cocodrilo, pero a diferencia del cocodrilo del Nilo o del yacaré de los Esteros del Iberá, el Kostensuchus era un animal más terrestre que sus parientes actuales. A esto se llega porque, en un cocodrilo del Nilo, el cráneo es muy achatado de arriba hacia abajo, los ojos son saltones y las fosas nasales están ubicadas sobre el hocico, justamente para poder merodear en el agua, apenas asomando, sin ser vistos por sus presas. En el caso del Kostensuchus, el cráneo es alto, los ojos están dirigidos hacia afuera y lo más importante, o interesante, es que las fosas nasales apuntan hacia adelante. Era como un hocico de perro con enormes caninos; es decir, no presenta los rasgos de los cocodrilos actuales, que son acuáticos”.
“Una de las cosas interesantes es que, mientras en los cocodrilos actuales las patas son proporcionalmente cortas y están dirigidas hacia afuera, por lo que cuando caminan siempre llevan la panza cerca del suelo y la arrastran, las patas del Kostensuchus aparentemente eran más esbeltas y estaban ubicadas verticalmente bajo el cuerpo. Esto le permitía mantener la panza bien separada del suelo, por lo que suponemos que era más ágil y que, si veía alguna presa potencial, podía dar una rápida carrera para atraparla”, concluyó.